“No te condonan, no te perdonan, solo te difieren. No pagas esos meses, pero en el tiempo la cuota sube, todo eso que no has pagado lo redistribuyen en las cuotas que te faltan pagar”, explica Edmundo Morales uno de los prestatarios que decidió no acogerse al nuevo diferimiento de créditos por temor a que el alargamiento de la deuda termine siendo más caro de lo que su presupuesto familiar puede soportar.
Morales cuenta que ya fue beneficiario del diferimiento durante la pandemia, cuando no pudo pagar las cuotas de su crédito por retrasos en el pago de salarios. Recuerda que, a diferencia de ahora, en ese entonces sí se pagaban los intereses durante el periodo de gracia y señala que, aunque en el nuevo diferimiento los intereses no se cobrarán en los seis meses, se sumarán a la deuda total al finalizar el periodo, lo que puede complicar las finanzas futuras, porque se debe disponer mayor dinero a lo previsto en el plan de pagos original.
Esta experiencia concreta refleja el efecto real del diferimiento crediticio. Aunque la medida busca ofrecer un respiro frente a embargos y procesos de mora, no reduce la deuda ni elimina intereses, y redistribuye los pagos pendientes en el tiempo.
Lo que para algunos puede significar alivio inmediato, para otros representa un riesgo de que la carga futura de las cuotas aumente, sobre todo si no se planifica con cuidado.
¿Qué es y cómo aplica?
El nuevo diferimiento previsto por la Ley N° 1670 y reglamentado por el Gobierno de Rodrigo Paz consiste en la suspensión temporal del pago de las cuotas de créditos para vivienda de interés social y micro y pequeñas unidades productivas.
La norma permite suspender pagos por un máximo de seis meses, comprendiendo capital, intereses, seguros y comisiones; sin embargo, no es automático y requiere que los prestatarios presenten una solicitud expresa a la entidad financiera, quienes no lo hagan continuarán pagando normalmente, y cualquier pago previo se considera aceptación tácita de no acogerse al diferimiento.
Beneficios inmediatos
El economista Rubén Arias explicó que según la norma los beneficios para los prestatarios son la suspensión de pagos por hasta seis meses, lo que permite mantener flujo operativo en negocios, evitar sobreendeudamiento a corto plazo y reducir las posibilidades de incumplimiento definitivo.
“No nos olvidemos que en Bolivia más del 70% del empleo urbano depende directa o indirectamente de micro y pequeñas unidades económicas, por tanto tienen un alto impacto social directo, además esta norma de alivio no afecta la calificación de riesgo”, apuntó.
El experto indica que al no afectarse la calificación de riesgo del crédito, los prestatarios conservan la posibilidad de acceder a futuras opciones de financiamiento sin penalizaciones.
Arias subrayó que desde el punto de vista de las entidades financieras, la norma ayuda a evitar que los créditos entren en mora masiva, reduce provisiones contables y ayuda a conservar el valor de la cartera. “El diferimiento es el los hechos una política de estabilización financiera preventiva”, remarcó.
Por su parte el economista Germán Molina explica que el alivio ofrece liquidez inmediata a los prestatarios, ya que la amortización se suspende durante seis meses y los intereses no se capitalizan. También destaca que la medida paraliza temporalmente los embargos.
“Esto va en sentido de beneficio a los clientes de darles un oxígeno durante seis meses por las diversas circunstancias con las cuales cada uno se encuentra y el embargo de bienes quedaría suspendido seis meses”, indicó.
Riesgos a considerar
A pesar de los beneficios, los expertos coinciden en que los prestatarios deben analizar con cuidado los efectos futuros del diferimiento.
“Es un efecto de anestesia, por el momento te da un respiro financiero. Esos recursos los puedes destinar a gastos básicos o tal vez a capital de operación e inversión para tratar de aquí a seis meses pagar con regularidad, aunque eso no está garantizado, porque la economía tal vez no mejore. El diferimiento de créditos no garantiza a nadie de que de aquí a seis meses pueda pagar con regularidad”, remarcó el economista e investigador Fernando Romero.
Arias por su parte señala que los prestatarios deben considerar que los intereses corrientes continúan devengándose, y que el crédito puede extenderse en el tiempo, lo que significa que se termina pagando más al final del periodo.
“Si tu negocio o finanzas se van a recuperar de aquí a seis meses el diferimiento tiene sentido, de lo contrario solo puede ser un parche que posterga un problema estructural y a mayor costo”, enfatizó.
En la misma línea Molina subrayó: “Si bien estos seis meses no van a cobrar tasa de interés a los que deben dinero, a los bancos, los bancos sí o sí van a continuar cancelando la tasa de interés pasiva a los clientes de las cuentas que depositan su dinero. Por lo que los prestatarios empezarían a cancelar el capital y los intereses correspondientes, después de los seis meses”.
Señalan que si bien el diferimiento puede liberar flujo de caja en el corto plazo, advierten que todos los pagos asociados al crédito (capital, intereses, seguros y comisiones) que no se realizan durante los seis meses de alivio no desaparecen, sino que se redistribuyen en las cuotas posteriores. Esto implica asumir una deuda más pesada en el tiempo, por lo que la capacidad de pago futura será determinante para evitar una nueva situación de mora
Respecto al sistema financiero Romero advierte que la medida podría generar mora diferida y afectar la cultura de pago, además de limitar los recursos disponibles para otorgar nuevos créditos, lo que puede ralentizar la economía.