Investigador que ha hecho del litio su tema central. Licenciado en Relaciones Internacionales y masterado en Políticas Públicas de la Duke University, becario de los programas Fulbright y Stanback, e investigador del programa internacional Earthjustice, en un análisis de políticas de extracción de minerales críticos en el Triángulo del Litio (Bolivia, Argentina y Chile) y África.
¿Qué lugar debe ocupar el litio en la agenda de Bolivia?
El litio debe ser prioridad, pero sin vender humo. Un salar no da utilidades en dos años, sino después de casi una década. Prometer hoy un monto de flujo futuro es como gastar una herencia antes de recibirla. Ya lo hicimos con el gas y perdimos la oportunidad.
Tampoco sirve discutir el litio como un sustituto de los ingresos del gas. Esos ingresos no se reinvirtieron. El litio se debe incluir en una futura estrategia nacional de recursos naturales, que permita a Bolivia beneficiarse de su capital natural de manera sostenible.
¿Qué riesgos observa cuando se politiza el tema?
El riesgo es que las decisiones técnicas se subordinen a intereses políticos electorales de corto plazo. Esto puede llevar a contratos improvisados, expectativas infladas y pérdida de credibilidad del futuro gobierno frente a inversionistas y actores políticos y sociales nacionales.
¿Qué modelo considera más adecuado para que Bolivia aproveche el litio?
Un modelo que combine participación estatal estratégica con inversión privada, pero bajo reglas claras: contratos estables, estándares ambientales exigentes y mecanismos de redistribución que beneficien a regiones productoras.
Noruega ha logrado convertir su petróleo en un fondo soberano de inversión, que garantiza bienestar para futuras generaciones si se ahorra y reinvierte. Noruega transformó su petróleo en un fondo que hoy paga universidades y pensiones. Venezuela gastó todo y ahora importa gasolina. Bolivia debe decidir en qué lado quiere estar.
¿Ve coherencia entre los discursos de campaña y las políticas reales que se podrían implementar sobre minería y transición energética?
En la mayoría de los casos, no. Hay una brecha entre las promesas y la capacidad institucional para implementarlas. La transición energética requiere políticas coherentes, previsibles y con planificación de largo plazo. En Bolivia no lo hemos debatido en serio.
¿Qué señales deben dar los políticos para demostrar compromiso con una extracción responsable de minerales críticos?
En la futura Asamblea Legislativa Plurinacional, deben demostrar capacidad para lograr una estrategia nacional de recursos naturales que priorice su uso sostenible, que beneficie directamente a los gobiernos locales.
Algunos políticos hablan de industrializar el litio, sin detallar estrategias. ¿Qué elementos técnicos se deben incluir para que el proyecto no sea sólo un eslogan?
Definir cadenas de valor viables, identificar mercados objetivos, asegurar suministro energético, de agua, y capacitar mano de obra. Sin estos elementos, la industrialización queda en el discurso.
Más allá de la economía, ¿cómo cree que la gobernanza del litio puede impactar en el desarrollo del país?
Una gobernanza transparente y descentralizada, manejada desde lo regional/departamental, puede beneficiar a todos. Puede generar empleo local y fortalecer la confianza entre Estado, empresas y comunidades. Una mala gestión puede provocar lo contrario.
Si las regalías del litio se las queda el centralismo, Potosí verá el salar, pero no el progreso. Si se reparten y gestionan bien, pueden unir al país; si no, lo van a dividir más.