Por: Roy Muguértegui
El escándalo de Oruro en la pelea campal entre jugadores de Real Oruro y Blooming obliga a mirar hacia atrás y es que este tipo de bochornos en el fútbol de Bolivia se viene reiterando de manera continua. Una sanción ejemplarizadora en casos de violencia y descontrol podría ser el inicio de un cambio radical.
Más allá de que la violencia se puede considerar parte de la naturaleza humana, como una fuerza interior de descarga de energía y canalización de emociones derivada de las funciones del ego. Según el psicólogo Antonio Domínguez también se potencia y es producida como respuesta a estímulos, en muchos casos incitada, que existe en la biología humana hacia acciones deliberadas e inconsecuentes, tomando en cuenta que es una conducta instintiva.
Las peleas campales entre dos equipos, para los expertos en psicología deportiva pasan por el aspecto cultural, en la contemporaneidad del fútbol y se posiciona con un hecho cultural en la mayoría de los países del mundo. Esto ha propiciado que esté presente en la vida cotidiana de las sociedades.
En el fútbol boliviano esto se ha hecho recurrente, como este último caso entre Real Oruro y Blooming, que una vez terminado el juego se derivó en una batalla campal que incluyó agresiones de todo tipo, gas pimienta lanzado por la Policía y un total de 17 expulsados, entre jugadores y cuerpo técnico.
El descontrol comenzó inmediatamente en el pitazo final y cuando un futbolista local se sintió provocado por uno de los festejos fue a increparlo. Esa discusión inicial obligó a compañeros y hasta los entrenadores a intervenir.
Semanas anteriores, Blooming con Bolívar pasaron por el mismo hecho, aquí también salieron expulsados Braulio Uraezaña, Saúl Severiche por Blooming, Leonel Justiniano, Daniel Cataño y Damián Batallini por Bolívar.
Caso Sergio Jáuregui
El 24 de agosto de 2009, durante un partido de Liga, Jáuregui recibió una tarjeta roja junto con Leonardo Medina de Oriente Petrolero, tras un choque. Al salir del campo corrió hacia Medina y le propinó una patada lateral en la cara. Tras el incidente, Medina fue trasladado a un hospital. Jaúregui fue suspendido nueve meses para jugar en Bolivia y acusado de agresión.
Bolivar -The Strongest, a golpes
En marzo de 2022 en el clásico paceño disputado en el estadio Hernando Siles, el juez Juan Nelio García no cobró un supuesto penal en favor del Tigre. El entrenador Cristian Díaz ingresó al terreno de juego para reclamar la acción y se ganó la tarjeta roja. Al finalizar el partido, los reclamos terminaron en golpes entre jugadores celestes y atrigrados. Además, de la invasión de hinchas a la cancha calificado como “bochornoso”.
Aurora–Wilstermann, con barras incluidas
En octubre de 2018 hinchas de Wilstermann intentaron agredir con machetes y navajas a fanáticos del club rival Aurora. El suceso ocurrió en las inmediaciones del estadio Félix Capriles. En el momento de retirarse por la puerta norte, los auroristas se encontraron con barras bravas de ‘Wilster’ quienes los persiguieron con armas blancas sin percatarse de la presencia policial. Fueron arrestados dos jóvenes de 21 y 23 años de edad.
En el fútbol boliviano, estas peleas campales han llamado la atención en todo el mundo por lo recurrente en la División Profesional; sin embargo, la falta de severos castigos hace que los jugadores de clubes vuelvan a cometer los mismos errores y no evitan las conductas antideportivas en los partidos de fútbol.
El Código Disciplinario de la FIFA puede sancionar las peleas campales con multas, suspensiones, y otras medidas para los jugadores y clubes implicados. Si no se puede identificar a los agresores individuales, la Asociación o club al que pertenecen pueden ser sancionados. Entre los castigos pueden incluir multas, prohibición de actividades relacionadas con el fútbol y, en casos graves, exclusión de la competición.
Para los entendidos en la materia, cuando hay encuentros futbolísticos, cuyo objetivo es superar al otro se presentan situaciones que influyen en el comportamiento propio y del jugador oponente. Las agresiones frecuentes muestran una concepción de deporte diferente a aquella que lo promueve como medio de preservación y mantenimiento de la salud, hasta el punto que se llega a poner en riesgo la propia vida.
Lo ocurrido en el estadio Jesús Bermúdez de la ciudad de Oruro tiene un condimento muy distinto por tratarse de dos parcialidades y también apuntan fallas en el operativo de seguridad de la misma policía local.
Ahora la pelea queda en los escritorios de Blooming y Real Oruro con su gabinete jurídico para poder minimizar las sanciones para cada uno de sus jugadores.
Pero los entendidos en la materia de fútbol, puntualizan que ahora debe sancionarse con penas fuertes para cortar de raíz estas peleas dentro de un campo de juego.