Suaves por dentro, coloridas y crujientes por fuera. Así son las hermosas galletas macaron que hoy se han convertido en todo un símbolo de Francia. La realidad es que su origen es más bien italiano y no francés como se creería. Estas galletitas nacieron en el siglo XVI en Italia. El término “macarons “proviene de “maccheroni” una palabra de origen italiano, que antiguamente no solo se refería a un plato de pasta al huevo, sino también a un tipo de dulce parecido al mazapán que se elabora con almendras.
Esta pasta de almendras se introdujo en Italia sobre el año 1500, en aquel entonces era un dulce sencillo, sin colores ni variados sabores. Llegaron a Francia a través de la influencia de Catalina de Médicis, italiana de nacimiento que se casó con el duque Henri de Orleans, allá por 1559. A finales de 1600 los macarons se comenzaron a ver adornando los banquetes de las reuniones aristocráticas y las bodas más importantes de Francia.
Pero el éxito de los macarons y su aspecto actual se dio mucho después, con la receta de Louis Ernest Ladurée. Un molinero que venía del sudoeste de Francia. En 1862 fundó la panadería Maison Ladurée, en la Rue Royale de Paris. Hoy la empresa tiene locales en más de 20 países distintos, con miles de clientes.
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