Con la llegada de la pandemia por COVID -19 en 2020, la tecnología ha revolucionado la manera en que las empresas operan, impulsando la implementación masiva de modalidades virtuales y herramientas digitales. Esta transformación, que se ha consolidado y ganado terreno en 2023, presenta invaluables beneficios, pero no está exenta de desafíos, especialmente en lo que respecta a la confidencialidad laboral.
A pesar del levantamiento de la emergencia sanitaria, numerosas empresas en Bolivia y a nivel mundial han optado por mantener el teletrabajo como consecuencia de los notables beneficios en términos de costos, rendimiento y flexibilidad horaria, entre otros. Simultáneamente, diversas compañías tecnológicas han lanzado herramientas como Chat GPT, Bard, Cite This For Me y Draw.Io, facilitando tareas que van desde la redacción de informes hasta la creación de mapas mentales y la asistencia en la elaboración de actas durante reuniones virtuales.
Aunque dichas prácticas modernas han resultado altamente útiles, en su mayoría requieren un intercambio constante de información. Por lo que su implementación dificulta la posibilidad de control del empleador sobre aquella información que resulte confidencial, poniendo en riesgo la divulgación de datos vitales para las empresas.
En Bolivia, aun cuando la Constitución Política del Estado garantiza la protección de datos; a la fecha no existen soluciones legales, más allá de la posibilidad de despedir al trabajador, como consecuencia de un incumplimiento contractual e iniciar acciones civiles por daños y perjuicios, siempre y cuando ambos aspectos hayan sido debidamente contemplados en una cláusula o documento individual, a momento de iniciar la relación laboral.
1.En primer lugar, se recomienda que los empleadores ofrezcan formación regular sobre la importancia de la confidencialidad, destacando la sensibilidad de la información empresarial, incluyendo datos financieros, estrategias de negocios e información de los clientes.
2. Asimismo, es esencial establecer políticas de confidencialidad claras y específicas que aborden los desafíos únicos de la era virtual. Estas políticas deben comunicarse de manera efectiva a todos los empleados, subrayando las consecuencias de violar las normas de no divulgación de datos.
3. Por su parte, la inversión en tecnología segura es crucial para garantizar la confidencialidad laboral. El uso de herramientas de cifrado, firewalls y sistemas de detección de intrusiones son medidas esenciales. Además, se deben implementar protocolos de acceso seguro y sistemas de gestión de identidades para controlar el acceso a información confidencial.
4. Finalmente, es fundamental que los empleadores que aún no hayan formalizado Contratos de Confidencialidad con sus trabajadores redacten documentos claros y precisos que definan las consecuencias de la violación de datos. Esto reduciría cualquier tipo de filtración innecesaria de información por parte de los trabajadores y proporcionará una seguridad completa para los empleadores.
En la era virtual, la confidencialidad laboral constituye un desafío importante para los empresarios bolivianos. En consecuencia, adoptar un enfoque integral que incluya la sensibilización, políticas claras, tecnología segura y prácticas éticas es crucial.
Al implementar estas estrategias, las empresas pueden aprovechar los beneficios de la virtualización sin comprometer la seguridad de su información confidencial.