Elisa Tarifa más conocida como Eli T’Amo, desde niña, descubrió que el arte podía nacer del aburrimiento, y que un lápiz y una hoja podían convertirse en una puerta hacia la imaginación.
Hija de madre japonesa y padre boliviano, creció entre dos culturas aparentemente opuestas, pero que en su interior convivían con armonía, fuerza y color.
Formada en el prestigioso Bunka Fashion College de Japón, esta joven diseñadora ha convertido sus vivencias en un puente textil entre Oriente y Occidente.
A través de sus prendas, explora temas como la identidad, el mestizaje, el movimiento y la memoria. Su obra no solo viste cuerpos: también cuenta historias.
- ¿Qué te inspiró a estudiar diseño de moda y cómo descubriste tu pasión por esta carrera? Soñaba con estudiar diseño de moda desde que tenía siete años. Solía acompañar a mi mamá a su trabajo y pasaba horas sentada, sin mucho que hacer. Un día, aburrida, le pregunté: “Mamá, ¿podemos jugar?”. Ella me miró con ternura y me dijo: “Ahora no puedo, pero ¿qué tal si te doy una hoja y un lápiz?”. Al ser hija de madre japonesa y padre boliviano, crecí entre dos culturas muy distintas, pero igual de ricas. Sentí que quería expresar mi amor por ambas, y también por el movimiento: el diseño y el baile se convirtieron en mis formas de narrar sin palabras. Para mí, la ropa es eso: una manera de decir quiénes somos y de dónde venimos. - ¿Por qué elegiste Japón como destino para estudiar moda? Japón fue una elección emocional y estratégica. Aunque crecí en Bolivia, siempre estuve muy conectada con la cultura japonesa por mi mamá. Sentía una necesidad profunda de explorar esa parte de mi identidad y entenderme mejor como nikkei —persona de ascendencia japonesa que vive fuera de Japón. Quería formarme con una base sólida, y Bunka Fashion College, una de las escuelas más prestigiosas del mundo, me ofrecía exactamente eso. - ¿Cómo reacciona el público japonés ante los elementos bolivianos en tu ropa? Con mucha curiosidad y respeto. A veces se sorprenden, otras se emocionan. Les fascinan los textiles bolivianos, los colores vibrantes y las historias detrás de cada prenda. Y cuando ven cómo se combinan con una estética japonesa más minimalista, se genera una conexión especial. No muchos japoneses conocen Bolivia, así que me emociona profundamente poder ser un puente entre ambos países. Si mi ropa puede despertar interés por Bolivia en personas que nunca habían oído mucho sobre ella, entonces ya cumplí un propósito importante. - ¿Qué elementos bolivianos te gusta incorporar y por qué? Muchísimos. Soy muy sensible y mi proceso creativo nace de las emociones, de las personas, de las charlas que te marcan. Cada color que uso representa una historia o un sentimiento. Me encanta incorporar la flora boliviana, los colores del carnaval, y los símbolos del folclore. Pero no me interesa replicarlos literalmente, sino reinterpretarlos con libertad y respeto, a través de mi propio lenguaje visual. - ¿Qué extrañabas de Santa Cruz cuando estabas lejos de esta tierra? Vivo en Singapur con mi esposo irlandés, así que estoy en un verdadero majadito cultural. Extraño el calor humano de Bolivia, la espontaneidad, los abrazos largos, la música de fondo. A veces, lo único que una quiere es un frappé de achachairú y una charla con los padres. También empiezo a extrañar Japón: su orden, mi familia allá, la serenidad. Migrar nunca es fácil, pero esta nueva etapa me está abriendo los ojos a nuevas culturas, incluidas la singapurense e irlandesa. Esta mezcla va nutriendo poco a poco mi proceso creativo. Este es un diseño donde Elisa fusiona sus raíces en un atuendo - ¿Qué tan importante es para vos que tu ropa cuente una historia? Es fundamental. No me interesa diseñar solo por estética. Cada prenda que creo tiene una raíz, un porqué. Me gusta pensar que cada hilo puede contar una historia, aunque sea en susurros. - ¿Tenés planes de llevar tu marca a otras partes del mundo? Sí. Trabajar en Tokio me permitió aprender de diseñadores locales e internacionales. Sé que no es fácil abrirse camino en una industria saturada por el fast fashion, pero creo que hay espacio y necesidad de marcas con alma y raíz. Definitivamente, quiero que mi marca viaje. - ¿Dónde te ves en cinco años? ¿Qué papel juega Bolivia en ese futuro? No sé con certeza dónde estaré. Hace año y medio vivía en Japón, hoy estoy en Singapur. Pero sí sé que estoy trabajando en lo que siempre soñé: mi marca. En cinco años, me veo con una propuesta consolidada, colaborando con artistas bolivianos, representando a Bolivia y Japón con respeto y profundidad. Elisa Tarifa tiene 26 años, es Diseñadora de moda, vive en Singapur y está casada con un irlandés Elisa Tarifa fue formada en el prestigioso Bunka Fashion College de Japón
Un poco de su vida