En la sala de emergencias del hospital San Juan de Dios o del Japonés, las escenas diarias son desgarradoras: pacientes yacen sobre colchas en el piso, otros esperan en sillas de ruedas o en camillas improvisadas. “Esto parece un hospital de guerra. No tenemos dónde poner a los pacientes”, lamentó un médico que prefirió no identificarse.
Según datos del Sedes, Santa Cruz cuenta con solo 1.800 camas hospitalarias, cuando necesita al menos 4.200 para cubrir la demanda. Esta brecha crítica ha generado el cierre parcial de servicios esenciales, como neonatología en la Villa Primero de Mayo, y ha reducido la capacidad de emergencia hasta en un 40%.
Historias que duelen
Felicia Vargas llegó desde San Julián con su hija de seis años, diagnosticada con leucemia. “Estuvo un mes en terapia intensiva, algunos días toca comprar medicamentos en farmacias privadas, pero hay otros días que por suerte hay todo en el hospital”, relató. Solo en el último mes, su familia desembolsó Bs 10.000 en medicamentos y estudios.
Simeón Rocha, de 50 años, padece un tumor maligno. “Desde que enfermé no puedo trabajar, mi familia me ayuda, pero no siempre hay los recursos”, explicó. El cáncer avanza porque no ha podido continuar su tratamiento.
“La salud en Santa Cruz no aguanta más”, advirtió Róger Gutiérrez, presidente del Colegio Médico, tras una reunión con autoridades del sector. Demandó la asignación de ítems, infraestructura y condiciones dignas. “No podemos seguir improvisando. Estamos perdiendo vidas”, remarcó al momento de lamentar marchas, paros, huelgas y protestas no logran conmover a las autoridades de los diferentes niveles estatales.
La falta de medicamentos esenciales para el tratamiento del cáncer ha intensificado la crisis sanitaria en Santa Cruz. Gloria Rodríguez, directora del Hospital Oncológico, reconoció que los proveedores no están suministrando la cantidad necesaria de insumos para combatir esta enfermedad. Esta situación obliga a los pacientes a buscar alternativas costosas en farmacias privadas, lo que incrementa significativamente el costo de sus tratamientos.
Los cívicos entran en escena
Frente a la gravedad de la situación, el Comité pro Santa Cruz anunció su decisión de intervenir institucionalmente en la crisis sanitaria. Su presidente, Stello Cochamanidis, declaró: “No podemos permitir más esta situación. No se puede tolerar que se atiendan personas en el piso”.
El líder cívico anunció la convocatoria a actores técnicos, sociales y políticos para buscar soluciones conjuntas y urgentes. “La salud no puede esperar más. Este problema nos afecta a todos”, enfatizó Cochamanidis, comprometiéndose a exigir al Gobierno central medidas inmediatas.
Abandono prolongado
Las condiciones actuales son producto de una crisis estructural prolongada. A pesar de la implementación del Sistema Único de Salud (SUS) en 2019, que prometía atención gratuita y universal, los hospitales públicos carecen de medicamentos, insumos básicos y personal suficiente.
“El SUS no se sostiene sin inversión real”, afirmó Gutiérrez. “Es como ofrecer comida sin tener cocina ni ingredientes. Prometer salud gratuita sin hospitales es una mentira peligrosa”.
A esto se suma la falta de coordinación entre niveles del Estado, lo que agrava la precariedad de la atención. La pandemia de COVID-19 solo visibilizó una fragilidad preexistente.
Un llamado final a la acción
Las historias que emergen desde los hospitales cruceños no son cifras: son rostros. Rostros de médicos agotados, de madres angustiadas, de pacientes que esperan una atención que nunca llega. No hay tiempo para indiferencia.
Por su parte, Jaime Bilbao, director del Sedes Santa Cruz, fue enfático: “No se trata solo de ítems o medicamentos. Se necesita una política pública de salud fuerte y sostenida. Esta no es una crisis pasajera, es estructural”.