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El Día de los Difuntos se vive entre rezos y ‘gustitos’ en honor a las almas

Domingo, 02 de noviembre de 2025 a las 07:00
La tradición andina se ha extendido en todos los rincones del país, donde llegan las tantawawas y las masitas para abastecer a la población /Foto: Ricardo Montero

Por Redacción

Los altares y mesas con ofrendas para los seres queridos difuntos forman parte de las costumbres, durante esta celebración. En los pueblos, las familias llevan alimentos para compartir y en Vallegrande dedican coplas a los fallecidos

Desde este sábado, miles de familias llegan hasta los cementerios para acompañar a sus seres queridos que ya partieron.  Con flores, velas, masitas, tantawawas y fe, los camposantos se convierten en espacios de encuentro y oración. 


Las visitas a los cementerios son costumbres que se repiten en todos los rincones del país en Todos Santos y el Día de los Difuntos. Según la creencia popular, las almas regresan en estas fechas para visitar a los vivos, y es por eso que las familias preparan todo aquello que solía gustarles. Mesas y altares con masitas, frutas, agua y tantawawas se preparan en su honor.  


Esta tradición, originaria del occidente del país, se ha ido enraizando cada vez más en el oriente boliviano. Hay familias  que arman los altares en sus hogares, pero también hay quienes lo hacen en los cementerios.
 

En los pueblos


En San Matías, por ejemplo, en el Cementerio General, varias familias decoraron las tumbas con alimentos y colocaron fotografías que recuerdan la vida de los difuntos. En muchas tumbas se escuchan rezos, mientras en otras, los familiares comparten alimentos que el ser querido solía disfrutar en vida.


En los pueblos, la población también participa de las misas que los sacerdotes celebran en distintos horarios dentro de los cementerios, como parte de las actividades religiosas en San Matías, Charagua, San José de Chiquitos y otras localidades. 


En San Ignacio de Velasco se mantienen las costumbres heredadas de los ancestros chiquitanos, donde el Cabildo Indígena participa activamente en las actividades religiosas. Los días 1 y 2 de noviembre, los miembros de la comunidad rezan el Santo Rosario en lengua nativa bésiro, por el descanso eterno de las almas.


En los Valles cruceños, las actividades también se concentran en los camposantos. Las familias llegan con mesas, sillas y canastos llenos de masitas elaboradas especialmente para ser entregadas a los rezadores, que se reúnen frente a las tumbas o mausoleos.


En medio de esta atmósfera de fe, se distingue la presencia de abuelas vallegrandinas que rezan como aprendieron de sus padres: con oraciones cantadas, llenas de devoción, que muchas veces terminan en lágrimas recordando a sus seres queridos.


La música también está presente, con mariachis, coplas y otras melodías dedicadas en honor a los fallecidos, mientras los adultos comparten copitas de licor.


En el pueblo guarayo persiste la creencia de que las almas de los difuntos salen de sus tumbas y necesitan un parichi (un trenzado de hoja de cusi) para protegerse del sol o de la lluvia. Por esa razón, los familiares colocan uno sobre la tumba.


En Concepción, la festividad reúne a visitantes que llegan desde otras regiones.


Las familias se congregan para rezar y encender velas en memoria de sus seres queridos, y muchos fieles se acercan al templo para elevar oraciones.  


En la ciudad capital, la costumbre de visitar los cementerios se vive en medio de los controles por parte del  municipio, que vigila que no se  ingrese bebidas alcohólicas ni musicones a los camposantos para que la celebración se realice en tranquilidad y en silencio. 


Esta festividad es motivo de reencuentros familiares en torno a las almas.

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