El último dirigente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, ha recibido este sábado unas exequias "con elementos de funerales nacionales pero sin la presencia del presidente ruso, Vladimir Putin, en una ilustración de la controvertida percepción de su legado en su propio país.
Rusia ha dado este sábado su último adiós a Gorbachov. El funeral no ha tenido rango de Estado. No lo ha querido el Kremlin, inmerso en su guerra en Ucrania. El acto fue abierto al público y se registraron largas colas en las inmediaciones de la Casa de los Sindicatos en Moscú para intentar acceder a la sala donde reposan los restos del último líder de la Unión Soviética. Por parte de la cúpula política rusa, la presencia más representativa ha sido la del vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dimitri Medvedev. También han acudido los embajadores de varios países occidentales, entre ellos los de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, según la agencia Interfax.
Al acto no acudió Vladímir Putin. La excusa oficial del Kremlin es que no podía acudir este sábado “por agenda de trabajo”. Putin, sin embargo, tampoco ignoró totalmente el deceso. El jueves, visitó el hospital donde falleció Gorbachov y la televisión lo mostró inclinándose ante el féretro, sobre el cual colocó flores.
El miércoles, el actual hombre fuerte de Rusia rindió a Gorbachov un homenaje con implicaciones mínimas, al afirmar que fue un estadista que tuvo un gran impacto en la evolución de la historia mundial y que se había esforzado en proponer sus propias soluciones a problemas urgentes.
Reconocido fuera pero no dentro
Gorbachov, una figura clave de la segunda mitad del siglo XX, falleció el martes, a los 91 años de edad, de una larga y grave enfermedad.
Durante su permanencia en el poder, de 1985 a 1991, impulsó reformas democráticas y económicas para tratar de salvar a la Unión Soviética, poniendo de ese modo fin a la Guerra Fría.
Pero el proceso histórico que generó precipitó el desmembramiento del país que durante décadas había disputado la primacía mundial con Estados Unidos.
Ese legado contrastado le vale hasta hoy el aprecio de los países occidentales, que lo ven como un hombre de paz.
Pero muchos rusos le atribuyen el repliegue geopolítico de Moscú y el desmoronamiento económico y moral de Rusia en los años posteriores a la desaparición de la URSS.
Confirmando esa desafección, el gobierno ruso no decretó ningún día de duelo oficial. El Kremlin indicó sin embargo que en las exequias habría elementos de funeral nacional, como una guardia de honor para el difunto.