En Brasil, el voto evangélico se ha convertido en un factor importante en las elecciones presidenciales. Jair Bolsonaro, cuya esposa es evangélica, debe su victoria en 2018, entre otras cosas, a los votos masivos de esta creciente comunidad religiosa. Y este año, de nuevo, según las encuestas, tiene la mayoría del voto evangélico, aunque su apoyo ha bajado un poco y la Iglesia evangélica, lejos de ser un bloque, está formada por múltiples corrientes, que van desde los ultraconservadores hasta los progresistas.
Estamos en un barrio indígena del norte de Manaos. El pastor Renato se prepara para el servicio, mientras su hija repasa las canciones para la ceremonia. La congregación cuenta con 26 miembros, todos ellos indígenas del Amazonas. En este templo pentecostal no hay lugar para otras espiritualidades. El pastor Renato defiende los valores tradicionales, al igual que el presidente Jair Bolsonaro: “La intención de Jair Bolsonaro era la correcta. No ha podido hacer todo lo que quería, pero creo que si consigue ganar y construir un buen equipo, llevará a Brasil a un futuro mejor”, afirma. Iglesias LGBT En São Paulo, es otra historia. Allí, el templo Cidade de Refúgio, ciudad refugio, tiene éxito: fundado por una pareja de pastores lesbianas, este lugar de culto acoge a personas LGBT. Las iglesias LGBT son todavía muy minoritarias en Brasil, pero están creciendo, especialmente en los grandes centros urbanos. “Desde muy joven, fui evangélico y gay. Pero mi antigua iglesia no aceptaba mi sexualidad. Me mudé a São Paulo a propósito para asistir a esta iglesia. No quería ir a una iglesia donde me condenaran por mi orientación sexual”, cuenta Muka. Un papel diverso e importante “Cuando se habla de evangélicos en Brasil, se habla de un perfil muy específico de la población. Son pobres y negros. Son personas que generalmente se sienten atraídas por el programa del Partido de los Trabajadores, a menudo han votado al PT en el pasado. El problema es que el PT y la izquierda en general han perdido el diálogo con esta población evangélica”, explica a RFI el sociólogo Rafael Rodrigues da Costa. En efecto, detalla, “no entendieron cuánto significan la religión y la iglesia para estas personas. Porque para una persona pobre que vive, por ejemplo, en los suburbios de una gran ciudad, la iglesia no es sólo el lugar de culto, el lugar donde la persona va a expresar su fe, la iglesia es también el lugar donde la persona va a conseguir comida. En un momento en el que el hambre vuelve a aparecer en Brasil, la iglesia ofrece comidas, distribuye alimentos básicos. La gente también va allí para encontrar un trabajo o ropa, y cuando las mujeres huyen de la violencia doméstica, la iglesia es el lugar al que acuden”.