Claudia Torres
PH.D. Psicología
Las luces ya están encendidas. Los árboles brillan. Los centros comerciales se llenan de listas interminables, ofertas que prometen ‘toda la felicidad’ y padres corriendo de un lugar a otro intentando encontrar ese regalo perfecto que, supuestamente, hará sonreír a sus hijos.
Pero…¿Y si esta vez nos detenemos un momento?
¿Y si en medio del ruido, la prisa y las cartas a Papá Noel, nos hacemos una pregunta incómoda, profunda y necesaria?
¿Qué esperan nuestros hijos de nosotros en Navidad?
¿Un juguete más que terminará olvidado en febrero?
¿O algo que no se compra con dinero, que no viene en caja y que no se envuelve con cinta?
El mito del ‘regalo perfecto’
La sociedad nos ha hecho creer que mientras más damos, mejores madres somos. Que los regalos equivalen a cariño. Que el precio demuestra amor, pero ninguna de esas ideas es real.
Son presiones culturales que se intensifican en tiempos de crisis, cuando los bolsillos están ajustados y los corazones cargan un poco de culpa.
Y aquí aparece una verdad que libera: El amor no se mide en los regalos. Se mide en presencia
Los niños y también los adolescentes pueden olvidar lo que les dimos, pero jamás olvidan cómo los hicimos sentir. No recuerdan el precio. Recuerdan el momento. La risa. La mirada. El abrazo. El tiempo que realmente les dedicamos.
¿Por qué nos angustiamos tanto por comprar en Navidad?
Porque de alguna manera creemos que compensamos lo que no pudimos dar durante el año.
– “He estado muy ocupada”
– “Casi no compartí con ellos”
– “Estuve cansada, irritable”
– “Les fallé en algunas cosas”
Y pensamos, sin decirlo: Tal vez un regalo grande lo repare.
Pero el amor no funciona así. Los vacíos afectivos no se llenan con objetos. Los vínculos no se construyen con tarjetas de crédito. Los niños necesitan lo que ninguna tienda vende: atención auténtica, tiempo de calidad, afecto, seguridad, límites y diálogo. Todo lo demás es accesorio.
Quiero darte una verdad que es poderosa como mujer y madre:
Tus hijos no te quieren por lo que puedes comprar. Te quieren por lo que eres para ellos. El amor no se reduce a regalos caros. La memoria emocional es más profunda:
“Mi mamá o papá me miraba, se reía y estaba para mí”. Eso vale más que un juguete de moda, es lo que construye la infancia.
¿Qué hacer cuando no alcanzo a comprar lo que piden?
Aquí tienes estrategias prácticas, para vivir una Navidad sana, hermosa y libre de presión económica:
1. Habla claro a tus hijos con honestidad y amor. Puedes decir: “Este año estamos priorizando cosas importantes, pero vamos a tener una Navidad llena de amor y eso vale más que cualquier juguete”.
2. Involúcralos en la magia emocional, no material. Haz las actividades que llenen: cocinar juntos, ver películas, escribir deseos reales (no materiales), decorar la casa, escuchar música, salir a mirar luces, abrazarse más, jugar con ellos y la familia. Eso… ¡se queda!
3. Cambia regalos por nuevas experiencias. Un picnic, una noche de juegos, un día sin celulares. Eso crea nuevos recuerdos imborrables.
4. Enseña el valor de dar las gracias. Cuando un niño aprende a valorar lo simple, aprende a valorar la vida.
5.No compres por culpa. El regalo que nace de la culpa no llena, y además vacía tu bolsillo y tu alma. Compra solo si lo deseas, no porque te presionan.
6. Si puedes dar un detalle, que sea significativo y no costoso. Un libro con una dedicatoria, una carta escrita con el corazón, una foto. Los regalos con mensaje emocional marcan más que los regalos caros.
7. ¿Qué pasa con las famosas cartas a Papá Noel?
Las cartas pueden convertirse en una tortura emocional para los padres. Sin embargo, puedes cambiar la dinámica: Invítalos a escribir no solo lo que quieren, sino lo que desean para la familia (y así pueden sorprenderte).
– “Quiero que juguemos más juntos”.
– “Quiero que no peleen”.
– “Quiero más abrazos”.
– “Quiero sentirme escuchado”.
8. El verdadero regalo eres tú. Tu paciencia. Tu afecto. Tu mirada. Tu tiempo. Tu energía emocional. Tu calma. Y sí, también tu forma de levantarte todos los días, aun cansada, aun con mil responsabilidades, y decir: “Hoy lo intentaré otra vez por mis hijos”. Ese es el regalo que tus hijos recordarán cuando sean adultos.
9.Si necesitas hablar, hoy te escucho… de verdad:
Querida lectora, madre, amiga. Si estás lidiando con culpa, estrés, angustia, problemas familiares o simplemente te sientes perdida en estas fiestas. No estás sola. La Dra. Claudia Torres y Para Ellas de EL DEBER te ofrecen un espacio gratuito de escucha, orientación y contención emocional.
Escribe cuando lo necesites por el WhatsApp 72185459. Porque acompañar a otras mujeres es también es un acto de amor.