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Marina Suárez, toda una vida plasmada en la pintura y la música

Miércoles, 28 de febrero de 2024 a las 06:00
Un lienzo de experiencias únicas.

Virgilio Suárez Roca y Rogelia Montero Aguilera, sus padres, fueron quienes le transmitieron la pasión por el arte y la música. Con ocho hijos, veinticuatro nietos y ocho bisnietos, la artista Marina Suárez Montero Vda. de Hermes Justiniano encontró en su familia una fuente inagotable de inspiración.

La entrevistamos en su hogar, un santuario de creatividad ubicado en el acogedor Condominio Villas del Sur. Allí las orquídeas descansan en floreros, creando un ambiente lleno de vida y color. Las paredes están adornadas con una treintena de cuadros, cada uno contando una historia. Un biombo pintado con alegría, portarretratos y collages de fotos de sus progenitores y su prole danzan al ritmo de una imponente arpa, cuya enseñanza estuvo al lado de Judith Parada Serrano, el piano y la guitarra también por otros maestros.

Primero fue la música

Aprendió a tocar instrumentos leyendo partituras y, a veces, “de oído”. Transmitió ese amor por los sonidos a su progenie, pero cuando sus hijos volaron del nido, una nueva pasión despertó en su ser. Sus manos, que antes acariciaban el arpa, el teclado del piano y acordeón, ahora se deslizan sobre los pinceles.

“Soy una mujer enamorada de la creación”, señala con emoción. La pintura se convirtió en su voz, y cada trazo es una melodía que llena su alma, pero, confiesa que se considera primero música y luego pintora. Su blanco lienzo, su morada, se llena de sonidos y colores, y en cada instante, la artista sigue tejiendo su historia en su hoja de vida.

Toda su vida por el arte

Habla como una mujer llena de vitalidad y pasión, que encontró en la pintura un lienzo para expresar su alegría y vivir intensamente.

Su viaje artístico comenzó con óleos sobre lienzo, y su primer cuadro, “Niña en la ventana”, fue una copia de una obra maestra de Rembrandt. Bajo la tutela del profesor José María Payno, la artista Marina aprendió las técnicas y secretos del arte plástico, creando obras que reflejaban su espíritu vibrante.

La pintura la absorbió por completo, y poco a poco dejó atrás la música. Esta nueva forma de manifestación artística no solo era un escape creativo, sino también una vía para enfrentar los desafíos familiares y personales.

Cada trazo, cada pincelada, es un bálsamo para su alma. Cuando decidió dejar de copiar y buscar su propia “voz creativa”, se unió al maestro Roberto Valcárcel, un artista completo y generoso en su sabiduría.

Despejó el salón de clases, subió y se entregó a su creatividad. Durante las últimas tres décadas ha explorado varias técnicas: óleo, acrílico, collage, pastel y también cerámica, tejiendo su historia en cada lienzo.

Más de 30 exposiciones

Marina Suárez ha llevado su arte a más de 30 exposiciones en Santa Cruz, la última, en la Casa Melchor Pinto, donde presentó decenas de cuadros que la dejaron extenuada y también a sus hijos, quienes le pidieron que descansara. Aunque no ha expuesto fuera del país, tuvo una oportunidad única en la ciudad de Miami, gracias a las gestiones de su hija, también música.

“Herencia de Dios son los hijos; llena tu mesa de ellos; porque en el mal día, ellos cuidarán de ti”

Una familia de artistas

Su amor por el arte no sólo marcó toda su vida, sino que también contagió a su familia, y así, describe a cada uno de sus hijos con amor.

Su hijo mayor, Hermes Rolando es fotógrafo y piloto profesional, defensor de la naturaleza, y ya tiene varios libros de la flora y fauna de nuestro país.

Carlos Alejandro estudió música, interpretando el piano, acordeón, guitarra, flauta y saxofón con mucha destreza.

Eduardo Ernesto, arquitecto de profesión, eximio en su trabajo, fue muy admirado por muchos. Con un carisma sin igual de bondad y amor.

Luis Alberto, también arquitecto, poseedor de un alma noble y buena, la embelesa con sus canciones.

Una de las gemelas, María Roxana es profesora de piano en una prestigiosa academia en los Estados Unidos. Es además pintora de bellas obras en tela y madera.

María Olivia, la otra gemela, deleita con sus melodías en piano y arpa.

Mientras que Julio César, el surrapo de los varones, es profesional de la banca con muchos reconocimientos en su carrera.

Gloria Marina, la benjamina, heredó la creatividad de su madre, realizando obras de arte en madera y cerámica con resina.

Pero lo más importante que el arte hizo por Marina Suárez fue cuando enfrentó la muerte de uno de sus hijos.

Pintar la rescató de la tristeza, recordándole que la vida sigue, y cada color en su paleta es un testimonio de su resiliencia y alegría.

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