Claudia Torres Calvimontes
Psicóloga Clínica
El azúcar se volvió compañía, premio, refugio y celebración. Pero, a veces, también se convierte en enemigo silencioso.
En noviembre, Mes Mundial de la Diabetes, se alza una consigna que este año resuena con más fuerza que nunca:
¡No se trata solo de controlar el azúcar en sangre!
Se trata de reconstruir la relación con nuestro cuerpo, con la comida y con nuestras emociones.
De dejar de luchar con las dietas y empezar a reconciliarnos con nosotros mismos, la diabetes no solo se trata con medicamentos: también se trata con conciencia, hábitos y amor propio.
El chip mental del “no puedo dejar el pan”
“No puedo vivir sin algo dulce”
Estas frases tan comunes, son más que excusas: son resistencias psicológicas, la mente, acostumbrada al placer inmediato del azúcar, se rebela ante la idea de renunciar a él, desde la psicología clínica, esto se llama conducta de gratificación compensatoria, por eso, no basta con prohibirlo; hay que entender lo que simboliza.
¿Por qué el azúcar nos enamora?
Cuando estamos cansadas, tristes o frustradas, recurrimos a un postre como quien busca un abrazo rápido y así, poco a poco, se instala el ciclo de dependencia emocional y bioquímica, no es solo gula: es una forma de llenar vacíos afectivos y romper ese ciclo no se logra con castigos, sino con educación emocional y nuevos hábitos placenteros.
Cambiar el chip: de la dieta
al bienestar integral
La palabra “dieta” tiene mala fama y suele asociarse con restricción, hambre y frustración. Por eso, el primer paso para mejorar tu salud es cambiar la narrativa mental, no pienses “estoy a dieta”. Piensa:
“Estoy aprendiendo a nutrirme con conciencia”.
Bienestar emocional: la insulina del alma
El estrés, la ira o la tristeza hacen que las glándulas suprarrenales liberen cortisol, una hormona que eleva el azúcar en sangre.
Asimismo, incluso si comes todo saludable, tu estado emocional puede sabotear tus niveles de glucosa. El bienestar mental no es un lujo; es parte del tratamiento. Anota estas estrategias:
1. Respirar profundo antes de comer: activa el sistema parasimpático y mejora la digestión.
2. Evitar comer enojada o triste: las emociones alteran la glucosa.
3. Dormir bien: la falta de sueño aumenta el apetito por carbohidratos.
4. Reír todos los días: reduce el cortisol y mejora la oxigenación.
5. Caminar 10 minutos después de comer: estabiliza el nivel de azúcar en sangre.
Alimentos que ayudan a estabilizar el azúcar
Avena, quinua, lentejas, garbanzos.
Verduras verdes (brócoli, espinaca).
Frutas enteras (manzana, naranja, papaya)
frutos secos y semillas.
Pescado, pollo, tofu.
Alimentos que elevan el azúcar bruscamente
Pan blanco, pasteles, galletas.
Refrescos, jugos envasados.
Frutas en almíbar, postres industriales
golosinas y cereales azucarados.
Comida rápida, frituras.