Rumbo a la segunda vuelta electoral, Jorge Tuto Quiroga defiende su plan político, económico y social. Propone un pacto de autonomías, un programa internacional de salvataje financiero y medidas drásticas contra la violencia infantil. Afirma que Bolivia no puede esperar y promete reformas desde el primer día.
Parecería que usted y Rodrigo Paz no tienen tanta diferencia, ¿serán opositores uno del otro?
Tengo alto aprecio por Rodrigo y lo dije públicamente. No cambio con el viento. Pedí la libertad de Camacho porque tiene derecho a defenderse como gobernador electo. Lo mismo sostuve con Pumari y lo reitero: justicia igual para todos. Esa coherencia me define. No es un cálculo electoral, es convicción democrática.
¿Cómo piensa encarar la reforma judicial?
Con designaciones por dos tercios de los mejores profesionales, como lo hice antes. Habrá nuevo fiscal general, Defensor del Pueblo y magistrados independientes. Recuerdo cuando Ana María Campero fue Defensora y nos enfrentó desde el Tribunal Constitucional. Eso es institucionalidad real. En mi época, con 17 diputados y 11 senadores, tuvimos que consensuar y elegir a los mejores, no a amigos ni militantes. Eso permitió que hubiera un Tribunal Constitucional independiente que incluso nos frenó leyes. Ese es el modelo que quiero restaurar: que el mérito pese más que la militancia.
¿Cuál será el involucramiento del Ejecutivo en la justicia?
Ninguno. Negarle juicios a Áñez fue orden de Evo Morales. Yo exijo igualdad: si hay mandamiento de aprehensión contra Morales debe cumplirse, y no puede mantenerse el secuestro de Camacho. La detención preventiva se volvió sentencia sin juicio para opositores. Empezó con Leopoldo Fernández y siguió con otros. Ese abuso debe terminar. La justicia no puede ser instrumento de persecución. En mi gobierno no habrá fiscales ni jueces obedeciendo órdenes políticas, habrá un sistema judicial que responda a la Constitución.
Usted insiste en consensos y en una avalancha legislativa. ¿Qué garantías tiene el ciudadano de que no repetiremos un esquema de concentración de poder?
La garantía es simple: no hay hegemonías posibles. El MAS ya no tiene mayoría absoluta y eso abre un tiempo distinto. Bolivia está obligada a construir acuerdos, como lo hicimos en los años noventa cuando los dos tercios obligaban a elegir a los mejores y no a los amigos del poder. Yo no busco concentrar, busco liberar: liberar la justicia de la manipulación, la economía del corralito y a las familias de la violencia. Esa es la mejor garantía de equilibrio democrático.
¿Qué lugar ocupa la autonomía en su propuesta?
La descentralización es vital. Hablamos de autonomía total: salud, educación y seguridad bajo responsabilidad regional y local. Hoy el 80% del gasto lo maneja el centralismo. Con nuestro modelo será 62% para gobiernos subnacionales y 38% para el nivel central. Así sabrás quién cura a tus enfermos, quién educa a tus hijos y quién te da seguridad. El “pachamamismo” fue una “pachamamada”: mientras hablaban de la Madre Tierra, devastaban territorios y contaminaban con mercurio. Proponemos regalías verdes para las regiones a partir de los bonos de carbono. Autonomía real significa recursos, competencias y responsabilidades claras.
¿Cómo responde al reto de segunda vuelta tras ganar en Santa Cruz, pero con menor respaldo en el occidente?
Tras 20 años de dominio del MAS, hoy está desplomado en presencia parlamentaria. Eso obliga a consensos. No más hegemonías. Estoy dispuesto a trabajar con Rodrigo y con todas las fuerzas. Bolivia no puede esperar. La elección mostró que debemos entendernos y devolver independencia a las instituciones.
Pasemos al terreno económico. Usted habló de un plan de salvataje. ¿Cómo funcionará?
Hoy hay corralito de dólares. Si encuentras un billete no lo llevas al banco porque no sale más. Proponemos un programa internacional de estabilización con FMI, CAF, BID y FLAR. No es devaluación, esa ya ocurrió. Es devolver dólares, estabilizar precios, importar diésel y gasolina. Como en otros países, es un puente de estabilidad para recuperar confianza y empleo. Es como en una clínica: primero el suero y el oxígeno, luego la terapia. Bolivia necesita ese respiro inicial.
Pero el FMI tiene mala fama en Bolivia. ¿Cómo explicarlo al ciudadano común?
Diciéndole la verdad: el FMI es como un certificado de buena conducta que abre acceso a créditos baratos. No se trata de ideología, sino de salvar la economía. Ese dinero devolverá dólares a los ahorristas, permitirá importar medicamentos y mercadería, y estabilizará precios. Lo hicimos antes, lo podemos volver a hacer. Con esos recursos vamos a salvar a universidades, alcaldías, gobernaciones, y a garantizar la solvencia del sistema jubilatorio hoy quebrado. Sin ese salvataje, no habrá inversión, producción ni empleo.
¿Cuál será su política para garantizar el abastecimiento de diésel?
Primero, conseguir dólares. Luego liberar la importación de diésel y gasolina, revertir el ducto Sica-Sica–Arica y estabilizar precios. Subvención en gasolina para transporte público, pero no en diésel. Con una mano no puedes ser bombero y con otra pirómano. Hay que parar la inflación y tranquilizar el mercado. Eso significa dejar de usar al Banco Central como caja del Gobierno y dar certidumbre al productor y al consumidor.
¿Qué políticas aplicará para los exportadores?
Prohibido prohibir. Nunca más cupos, vetos ni restricciones. Esa será una norma en la ley agropecuaria. La seguridad jurídica pasa por no prohibir, como hacen regímenes de Venezuela o Cuba. Las exportaciones dinamizan la economía y generan inversión. Así fue con el gas: vinieron a producir porque había mercados externos. Lo mismo debemos hacer con carne, soya, vino, quinua. La exportación abre mercados, baja precios internos y multiplica la producción.
¿Qué ofrecerá a los gremialistas que reclaman seguridad jurídica?
Primero, actualizar el régimen simplificado. Segundo, impuestos bajos y base amplia. Tercero, titulación individual de puestos de mercado, para que sean dueños y sujetos de crédito. Esa es mi revolución propietaria liberal: dar propiedad a los bolivianos para que puedan acceder a financiamiento y progresar. El Banco Unión debe dar créditos baratos a los pequeños comerciantes, no ser monopolio del SOAT. Así se construye movilidad social real.
¿Cómo atraer inversión extranjera sin generar dependencia?
La peor dependencia es no tener dólares. Proponemos impuestos competitivos: 10% a utilidades, 10% de IVA y 10% a planillas. Así competiremos con la región. Sumaremos tratados de libre comercio y arbitraje multilateral para dar confianza. Nadie invierte si cae en manos del fiscal Sosa. Habrá reglas claras y estables. Sin inversión no hay empleo, sin empleo no hay prosperidad.
¿Qué rol jugarán gas, litio y agroindustria en su plan?
El orden es claro: primero agro, luego hidrocarburos, después minería y finalmente litio. La agroindustria puede subir exportaciones en 1.300 millones de dólares en 2026. Luego una nueva ley de hidrocarburos, un código minero competitivo y una ley de evaporíticos consensuada. No hay tiempo que perder: el 8 de noviembre debemos empezar la avalancha legislativa. Así como hicimos el gasoducto al Brasil, hoy podemos reactivar hidrocarburos y litio.
Pasemos a lo social. ¿Cómo enfrentará la pobreza multidimensional que afecta a seis de cada diez niños?
Con transferencias directas como bonos condicionados, que eviten deserción escolar y mejoren salud. Lo hicimos en el Diálogo 2000 con ítems de maestros y médicos en áreas rurales. No más fábricas inútiles; recursos para educación y salud descentralizada y digitalizada. Así reduciremos pobreza estructural. En mi gobierno, cuando eliminamos la deuda externa, distribuimos recursos según necesidades básicas insatisfechas. Eso permitió que municipios pobres reciban cinco veces más que las ciudades. Eso quiero repetir: priorizar a los más necesitados con fórmulas transparentes.
Siete de cada diez niños sufren violencia. ¿Qué hará en este tema?
Endurecer penas, cárceles reales y acumulativas. Crear oficinas especializadas en Fiscalía y Defensoría para atender casos de maltrato y abuso. Y sobre todo dar ejemplo desde la Presidencia. No necesitamos santos, pero tampoco impunidad en la cúpula. El mal ejemplo cunde. Queremos líderes que marquen valores. No más expresidentes con escándalos sexuales que se normalicen. El ejemplo moral desde arriba debe cambiar la cultura de la impunidad.
Usted plantea un enfoque punitivo ¿Y la prevención?
Con educación en valores, apoyo de iglesias y familias, y descentralización de competencias a municipios. La salud y educación deben estar cerca de la gente, no en manos de ministros lejanos. Los gobiernos locales deben asumir esa tarea con recursos claros. Así se construye una sociedad más justa. La prevención es tan importante como la sanción. Una niña que recibe educación y cuidado hoy es una mujer libre mañana.
¿Cuál es su mensaje final en esta segunda vuelta?
Bolivia no puede esperar. Desde el 8 de noviembre vamos a parar la gastadera y la robadera, aprobar leyes clave, devolver independencia a la justicia y lanzar reformas profundas. No habrá cócteles ni festejos, habrá trabajo inmediato. Será una avalancha legislativa para recuperar 20 años perdidos. Mi compromiso es con los bolivianos angustiados por la crisis, no con los privilegios de la vieja política.
La entrevista con Jorge “Tuto” Quiroga revela a un candidato que apuesta por la inmediatez y la contundencia. Su discurso combina memoria de gestión, promesas de avalancha legislativa y un marcado énfasis en la justicia, la economía y la niñez. Con frases que buscan impactar y polarizar, se presenta como el líder capaz de devolver certidumbre. La segunda vuelta, sin embargo, pondrá a prueba no solo su plan, sino la disposición real del país a encarar consensos y transformar promesas en hechos concretos.