Los constantes paros marcaron la salud a lo largo del año y dejaron una estela de dolor e incertidumbre entre miles de pacientes que dependen de la atención en los hospitales públicos. Las protestas, que en conjunto sumaron casi 90 días, provocaron retrasos en los tratamientos y angustia a la población afectada.
Los rostros de desilusión fueron la constante en las puertas de los hospitales, donde los enfermos se encontraron con letreros que informaban sobre nuevas huelgas.
Las medidas de presión fueron impulsadas por trabajadores, profesionales y médicos con demandas que abarcaron el pago de sueldos, bonos, renovación de contratos hasta problemas laborales y otras exigencias al municipio, la Gobernación y al Gobierno nacional.
La conflictividad se volvió una constante. Hubo semanas en las que, apenas terminaba un paro, otro volvía a instalarse. Así ocurrió en la segunda semana de diciembre, cuando trabajadores de salud y la Federación de Sindicatos de Ramas Médicas de Salud Pública (Fesirmes) convocaron, por separado, a medidas de presión que dejaron cuatro días sin consulta externa ni otros servicios programados en una misma semana.
Para los enfermos, cada jornada de huelga representó no solo perder una ficha, sino empezar desde cero para acceder a atención médica, es decir, madrugar, hacer fila para reprogramar una cita y enfrentar semanas de incertidumbre.
“Con los paros no solo nos niegan una consulta, también nos quitan tiempo y, sobre todo, la posibilidad tratar nuestros males”, se escuchó protestar tantas veces a los pacientes que se vieron perjudicados.
Y es que a lo largo del año los hospitales públicos acumularon 89 días de paro, hasta el 12 de diciembre.
Los registros
El año comenzó con movilizaciones en el sector salud. Solo en enero se registraron 14 días de huelga, seguidos por ocho en febrero y dos en marzo. Abril volvió a encender las protestas con 11 días de paro, mientras que en junio hubo tres y en julio otros 11. Agosto fue el mes más crítico, con 24 días sin atención, y en septiembre se registró un día.
En octubre se sumaron siete jornadas de suspensión de servicios, en noviembre fueron cuatro y en diciembre ya se acumularon otros cuatro hasta la segunda semana del mes. La gente padeció por esas interrupciones.