Un retorno
Un inquietante cosquilleo recorrió el cuerpo de miles de cruceños. Estaban apostados en la carretera que une el centro de la ciudad con el aeropuerto de Viru Viru. Por momentos, miraban el reloj, nerviosos. También sondeaban el cielo a la espera de ver la llegada de un avión, pero no un avión cualquiera. Era el vuelo de la libertad.
Horas antes, Luis Fernando Camacho, gobernador de Santa Cruz, abandonaba el penal de máxima seguridad de San Pedro de Chonchocoro. Lo hacía con una bandera en la mano, su banda de gobernador en el pecho y la peculiar sonrisa que lo caracteriza. Atrás quedaron dos años y ocho meses de prisión. Atrás dejó el recuerdo de un pasado que provocó heridas, especialmente en Santa Cruz, la región opositora. Las elecciones del 17 de agosto y la segunda vuelta el 19 de octubre le cerraron la puerta al MAS.
“Este sacrificio fue un compromiso que hice con mi pueblo, jamás huir, jamás venderme al Movimiento al Socialismo (MAS), jamás arrodillarme y jamás humillarme”, dijo Camacho al momento de traspasar la reja del penal.
Nada más llegar a suelo cruceño, a las 18:40 del 29 de agosto, se arrodilló y besó el suelo. Dedicó los primeros minutos Santa Cruz para fundirse en un abrazo interminable con su padre y reencontrarse con su familia.
En el mismo aeropuerto, recibió el bastón de mando, símbolo de que recuperaba su cargo como gobernador. En las calles, miles de personas salieron a recibirlo en una caravana efusiva que rememoraba las luchas del 2019. Eso sí, ahora, seis años después, con la esperanza de un cambio de timón en Bolivia.
Y un adiós
Era el septiembre perfecto. Con el derrumbe electoral del MAS y un cambio de gobierno a la vista, el mes de Santa Cruz se vislumbraba como un festejo extendido hasta llegar a ese 24 de septiembre. La liberación de Luis Fernando Camacho, el gobernador encarcelado de manera preventiva durante más de dos años, alimentaba ese sentido de celebración que se extendió por todo el departamento. Era septiembre, un septiembre especial y Santa Cruz quería disfrutarlo a su manera.
El fallecimiento del exalcalde Percy Fernández, la noche del primer día de septiembre, conmocionó a todos. Mientras la noticia se extendía por calles y barrios, las tamboritas que anunciaban la llegada de septiembre se silenciaron. Santa Cruz de la Sierra, la ciudad tan amaba y querida por el ‘alcalduli’ se transformaba en minutos para despedir a uno de sus hombres más ilustres.
Tenía 86 años de edad. Desde 2020, cuando la amenaza de un virus paralizó el mundo, se retiró de la función pública. Antes, muchos años antes, Percy optó por servir a Santa Cruz. Lo hizo desde múltiples espacios. Como presidente del Comité Cívico, como senador de la república o como alcalde al frente de una urbe imparable en su crecimiento.
Así era Percy. Imparable. Ingenioso. Soñador y entusiasta volcado siempre a transformar a su querida Santa Cruz en la mejor región posible.
El último adiós a Percy Fernández unió a la ciudad, al departamento y al país en un homenaje que resaltaba la figura de un servidor incansable e incondicional. “Dedicó su vida al servicio de la ciudad y será recordado por su legado como ingeniero visionario y líder municipal”, destacó el gobernador Camacho. Angélica Sosa lo despidió resaltando la personalidad de “un hombre sabio, humilde, lleno de consejos y, sobre todo, rebosante de amor por cada vecino y cada vecina”.
Fueron muchas las voces que ensalzaron el legado de Percy. Y muchas más las que acudieron a la catedral cruceña para despedir con unas ‘gracias eternas’ al querido alcalde.