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“La democracia costó persecución y dolor; nada fue gratuito”, la palabra del excanciller Araníbar tras ser homenajeado

Viernes, 06 de febrero de 2026 a las 11:56

Araníbar aseguró que la política es una opción de vida y no como un ejercicio del poder por el poder: "un servicio a la dignidad, a los derechos y a la gente sencilla que espera un país más justo".

En medio de aplausos largos, abrazos contenidos y miradas que se humedecían sin pedir permiso, el excanciller Antonio Araníbar Quiroga recibió un reconocimiento por una trayectoria que atraviesa la historia política contemporánea del país.

“Nada de lo que hoy tenemos fue gratuito: la democracia se construyó con sacrificio, con exilio, con persecuciones y con dolor”, afirmó Araníbar cuando le tocó tomar la palabra.

La frase, breve y directa, ordenó el clima del acto. No era un homenaje a una sola biografía, sino a una generación que cargó la política en el cuerpo, que resistió dictaduras, que vivió la clandestinidad y el destierro como costo de la libertad.

El evento tuvo lugar el 5 de febrero en la Cámara de Diputados y reunió a figuras que también forman parte de esa memoria democrática. Estuvieron los expresidentes Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez Veltzé, además de autoridades legislativas, como el diputado Juan del Granado, antiguo compañero de militancia de Araníbar.

Hasta el salón llegó también la activista de derechos humanos Amparo Carvajal, junto a dirigentes políticos y representantes del ámbito diplomático. La escena tuvo algo de reencuentro: viejos compañeros de ruta, trayectorias cruzadas por la democracia, nombres que vuelven a mirarse a los ojos en un país que intenta cerrar ciclos sin borrar su pasado.

El presidente de la Cámara de Diputados, Roberto Castro Salazar, entregó el reconocimiento. En su discurso, subrayó que el homenaje a Araníbar no solo reconoce una trayectoria personal, sino que reafirma la memoria, la participación y el compromiso permanente con la democracia.

Abogado, político y diplomático, Antonio Araníbar Quiroga (Cochabamba, 1941) fue uno de los fundadores del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y protagonista del proceso de recuperación democrática que desembocó en 1982.

Antes de la democracia, militó contra las dictaduras militares desde el claustro universitario, la clandestinidad y el exilio, experiencia que marcó a una generación de dirigentes perseguidos por su actividad política.

Con el retorno del orden constitucional, Araníbar ocupó cargos de alta responsabilidad en el Legislativo y el Ejecutivo. Fue diputado nacional en varias gestiones, ministro de Relaciones Exteriores (1993–1997) y ministro de Hidrocarburos en 2004.

En el plano internacional, desarrolló una amplia labor en la Comunidad Andina y en la Organización de los Estados Americanos (OEA), donde ejerció funciones diplomáticas en Ecuador y México.

Su trayectoria, sin embargo, volvió a cruzarse con el exilio en democracia. A partir de 2006, Araníbar se vio obligado a salir del país en medio de la persecución judicial promovida durante los gobiernos del MAS contra opositores y exautoridades. Vivió en Ecuador, México y Costa Rica, lejos de Bolivia durante más de dos décadas. Su reciente retorno fue leído en el acto como un símbolo de memoria, reencuentro y vigencia democrática.

El mensaje a Rodrigo Paz

En noviembre de 2025, poco antes de volver al país, Araníbar envió una carta al presidente Rodrigo Paz, en la que expresó su esperanza por el inicio de una “nueva era” tras casi 20 años de masismo.

En ese mensaje, recordó su paso por la Cancillería y el Ministerio de Hidrocarburos, y relató cómo la persecución política lo empujó nuevamente al exilio. “Después de 21 años sin poder volver a nuestro país, veo con esperanza el inicio de una nueva era, en la que la justicia ya no permitirá la persecución política”, escribió entonces, al desear éxito al nuevo mandatario en la tarea de reconstruir la institucionalidad, la libertad y la confianza ciudadana.

Ese mismo espíritu atravesó su discurso en la Cámara de Diputados. “Este homenaje no es para una sola persona, sino para generaciones que, muchas veces en silencio, entregaron su vida a la construcción de una Bolivia democrática”, remarcó el homenajeado, con una voz que mezcló serenidad y emoción.

En su intervención, Araníbar habló de un “nuevo ciclo” y de un tiempo que ya no les pertenece solo a quienes resistieron, sino a los hijos y nietos que hoy sueñan con un país mejor.

Reivindicó así la política como una opción de vida y no como un ejercicio del poder por el poder: un servicio a la dignidad, a los derechos y a la gente sencilla que espera un país más justo. “Es tiempo de la construcción colectiva, de la suma de voluntades”, dijo, invitando a un reencuentro que no borre diferencias, pero que recupere la idea de país.

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