Dayana Blanco Quiroga (26) es una aimara, mide 1,57 m y es la primera mujer de su familia que salió profesional, pero todavía cuesta que la vean como líder, pese a sus numerosas becas internacionales, reconocimientos y capacitaciones. Ella se ha convertido en guardiana de la restauración del lago Uru Uru (Oruro), que tiene una longitud de 21 km y está a una altitud de unos 3.695 metros sobre el nivel del mar.
El que otrora era un gran atractivo turístico para la navegación y la pesca, no es ni la sombra de lo que era. Muy cerca de su orilla se encuentra la ciudad de Oruro, gran centro industrial de minerales que se ha convertido en su principal amenaza, pues el lago ha ido cambiando su apariencia, ya no tiene aguas cristalinas, por el contrario, sus malos olores perturban a la comunidad de Vito, de donde Dayana es parte.
El bello paisaje que solía estar acompañado por rosados y blancos flamencos no es más un espectáculo común. Las aves poco a poco han dejado de visitar el lago, y otras han aparecido muertas en sus orillas. Lamentablemente, la población se fue acostumbrando a esa nueva realidad, pero un grupo de jóvenes hizo la diferencia. En 2019 protestaron por la situación del lago y mediante una acción popular consiguieron que se haga una inspección, misma que ratificó la contaminación en el lago Uru Uru, pero ahí quedó todo, pues la la solución a la vista era una planta de tratamiento de agua y para eso se necesitaba Bs 5 millones, algo imposible para el departamento.
Pero Dayana no se dio por vencida, buscó hacer algo y echó mano de los conocimientos de sus ancestros. Lo primero que se le vino a la mente fue la planta de totora, que por sus propiedades de fitoremediación -absorbe minerales pesados-, puede ayudar al lago a limpiarse. "Apostamos al poder de la naturaleza, que sabe cómo sanarse", dijo Dayana a EL DEBER, mientras se prepara para ir en días próximos a Nueva York, donde expondrá su proyecto, que le valió ser una de las cuatro ganadoras del Premio Joven por el Clima.
-¿Desde cuándo empezaste a ser una activista por el medioambiente?
Yo vengo de una comunidad que se llama Vito y hace mucho tiempo venimos sufriendo con estos malos olores que salen del lago, que está al frente de nuestras casas. Es totalmente insoportable, especialmente a mediodía y cuando atardece, imagínense comer con esos olores, levantarse con esos olores, no es nada saludable. Pero también me decidí a hacer algo por el amor que le tengo a los flamencos. Recuerdo que cuando era pequeña había un montón de estas hermosas aves, pero ahora, se han reducido considerablemente y es increíble ver cómo algunos flamencos están sobreviviendo en medio de las aguas negras, cómo están consumiendo esas aguas, y es más triste verlos muertos.
Por eso y porque desde pequeña me inculcaron mucho los valores de ser empática con la naturaleza, porque es nuestra casa grande y la única que tenemos, y porque todos con los que convivimos son nuestros hermanos, incluyendo los animales. Siempre creí que ellos también son importantes, que su vida es tan importante como la nuestra. Entonces, creo que así nació la inquietud por hacer algo mientras muchos se quedaron como en el 'status quo', en una posición de resignación porque ya no se podía hacer nada.
-¿Qué pasó en 2019?
Presentamos con las hermanas de la comunidad una acción popular para que se paren las actividades mineras, para que el Gobierno tome acción en el tema y se implemente un plan de sostenibilidad contra los plásticos. Protestamos pidiendo una respuesta y lo único que conseguimos fue una inspección que concluyó que sí, que hay contaminación, pero que lamentablemente se necesita una planta de tratamiento que cuesta Bs 5 millones, presupuesto que el departamento no tiene. Sabían que hay un problema, pero no podían dar una solución.
-Qué impotencia...
Realmente da rabia, porque cuando uno empieza a hacer algo se da cuenta de que faltaba voluntad, decir voy a empezar el trabajo, aunque falle y no funcione, lo intenté. Esa siempre ha sido mi mentalidad.
Cuando empezó la pandemia, las clases se suspendieron y todos los jóvenes de la comunidad estábamos en cuarentena, se propició la reflexión, el pensar qué está pasando en cuanto a nuestra relación con la naturaleza. Ahí se vino a mi mente mi abuela, que usaba las totoras para filtrar agua para el ganado. Entonces pensé en probar con las totoras en el lago. Al principio no le daban mucho crédito a la idea, de que las totoras sobrevivan en esas condiciones del lago. Pero yo me dije: creo en el poder de la naturaleza que sabe cómo sanarse y probar qué es lo que pasa.
Otros hermanos, mayormente jóvenes, dijimos probaremos. Necesitábamos que la totora no se hunda y solo toque la superficie del agua, entonces pensamos que necesitábamos dónde ponerlas para que floten, ahí fue cuando decidimos usar balsas aprovechando las botellas de plástico. Ahora suena fácil, pero en su momento fue un reto. El primer prototipo no funcionó, se hundió, lo reforzamos con palos y recién al tercer intento funcionó.
Los adultos no creían que íbamos a tener éxito, pero a los tres meses que implementamos 300 totoras nos dimos cuenta de que sí estaba funcionando.
-Estaban limpiando el agua de los metales pesados arrojados por la actividad minera, pero también se estaban deshaciendo de las botellas de plástico que convirtieron el lago en basural...
Así es. Los tres problemas que ahorita aquejan al lago son la contaminación de la minería ilegal, la acumulación de plásticos que viene de la ciudad y tercero, los efectos del cambio climático. Entonces, nosotros hemos atacado los dos primeros problemas.
-Explicanos la magia que hace la totora
Se llama fitorremediación, que es el proceso que hacen las totoras de absorber los minerales pesados. La labor de la totora es muy importante y muchos no le damos esa atención y esa importancia.
-¿Y qué hay del tercer problema, el cambio climático?
Eso escapa de nuestas manos, eso es algo que como colectivo, como mundo, tenemos que cambiar, empezando por nuestros hábitos de consumismo. Tratar de usar bolsas de tela en vez de plástico, dejar de consumir gaseosas porque todo el plástico en el lago son mayormente botellas de refrescos, y las compañías que producen estos no toman responsabilidad.
Una limpieza del lago no es suficiente, hay que atacar las raíces del problema. Creo que nosotros estamos tratando de ir más profundo y atacar las raíces del problema, estamos recién alcanzando el 20% o el 30% de nuestro objetivo, nos falta mucho todavía, pero estamos avanzando. En este camino hemos encontrado muchos aliados, y uno de nuestros primeros aliados ha sido la Fundación Gaia Pacha, eso nos ha impulsado más, porque nos dieron apoyo técnico con especialistas. Porque tus deseos de cambiar son una gran parte, pero también después tienes que implementar con conocimiento técnico.
Poco a poco vamos creciendo con el trabajo, incluyendo la educación ambiental que se hace con la escuelita de la comunidad de Villa Challacollo, para que estos niños nos ayuden en un futuro a salvar lo que se viene como una crisis, porque el que el lago esté así no es algo reciente, ha venido de mucho tiempo.
No nos olvidemos de que este lago es un sitio Ramsar (humedal que ha sido reconocido como de importancia internacional para la conservación de la biodiversidad y el sustento humano), y eso significa mucho no solo para las comunidades, sino para el mundo, porque esto ayuda con el tema del equilibrio de las aguas, evitar inundaciones, evitar catástrofes como huracanes. Si una parte es interrumpida, como en este caso, la función del lago, pues todo el ecosistema va a funcionar mal.
Estamos recién en el inicio, todavía nos falta mucho.
-Contanos un poco del Equipo Uru Uru
Nosotros actualmente somos 30, estamos siempre coordinando, es un trabajo voluntario que hacemos fuera de nuestras actividades, pero al final el hecho de que, como lo decía, todos tenemos la misma visión, nos está ayudando a avanzar.
-Si esto empezó a ejecutarse en 2020 ¿quiere decir que en poco más de 4 años ustedes han logrado una restauración del 30% del lago?
Sí, porque hasta ahora tenemos 4 mil totoras implementadas en el lago.
-Entrando al tema de los reconocimientos internacionales, he visto que han tenido varios, ¿cuál ha sido tu caminar?
Tenemos muchos aliados en este trabajo que estamos haciendo, y bueno, uno de ellos es Girl Rising, que nos ha ayudado con el storytelling, o sea, cómo contar nuestra historia, cómo conectar con otras personas, cómo hablar con este público que no le interesa nada sobre el cambio climático, que solo le interesa consumir y consumir y seguir tomando gaseosas y usando plásticos. ¿Cómo hacer que esas personas se sientan involucradas en esta acción, que al final es salvar la casa común?
Después hemos estado trabajando con Young Climate Prize (Premio Joven por el Clima), que es de la fundación The World Around, y ellos nos ayudan más que todo con el tema de producir videos. Estamos ahí, aprendiendo estas habilidades.
En cuanto a Harvard, eso fue antes del trabajo con el lago, es un programa de trainings que te conectan con jóvenes de la región, eran talleres online. Después hemos estado trabajando con UNDP (The United Nations Development Programme), con Ecuador Price, y con ellos hemos aprovechado la implementación técnica, nos han apoyado financieramente para seguir con las totoras, y el otro paso con el que ellos nos quieren apoyar es conectar con otras organizaciones, que nos ayuden a acelerar el trabajo.
Hemos visto que en toda Latinoamérica no hay un laboratorio de plantas que es tan importante, hablo de plantas nativas. Nuestro gran sueño sería abrir ese laboratorio para que se estudie estas plantas nativas que tienen grandes propiedades como la totora. Si en nuestra comunidad está funcionando, ¿por qué no puede funcionar en un problema que está pasando en Perú o Ecuador? Entonces, creo que eso sería muy importante para nosotros.
Hemos aprendido que si uno quiere cambiar las cosas, uno tiene que empezar con el ejemplo. Creo que solo perdemos tiempo esperando que alguien más venga con la solución.
-También estuviste becada en el programa Winter Institute de la embajada de EEUU...
Eso fue el primer programa con el que salí a EEUU, fue antes de empezar con el equipo Uru Uru, pero fue un programa en el que me inspiré bastante. Creo que en los momentos donde nos exponemos a estar con personas que sueñan, que tienen deseos, o que están transformando sus comunidades, también nos inspira a nosotros. Ese ha sido el primer programa en que he participado, por el cual estoy demasiado agradecida, porque me ha dado otra visión, me ha conectado con personas que hasta ahora son mis amigas, con las que nos apoyamos de una u otra forma.
-Escuchándote y viendo todos los lugares o las becas a las que has accedido, se puede notar de que son una joven inquieta...
Bueno, yo me califico como alguien todavía tranquila, no soy como otros activistas climáticos, pero estoy tratando de construir ese camino. Y creo que lo importante ahora es que como mujer indígena puedo crear ese cambio. Gracias a mis ancestras que han estado antes de mí y han abierto la posibilidad de que yo pueda acceder a una educación que me ha transformado, que me ha ayudado a darme cuenta sobre qué está pasando a mi alrededor.
Es bien importante seguir, aún en nuestra sociedad machista. Más de una vez me ha pasado que preguntan ¿dónde está líder? , les tengo que decir que soy yo la que dirijo. ¿Dónde está el ingeniero?, me vuelven a preguntar porque todavía hay estereotipos con los que seguimos lidiando, pero hay que cambiarlos.
No voy a mentir, hay puertas que todavía no se pueden tocar, porque como lo decía, seguimos viviendo en una época donde sí han cambiado muchas cosas para las mujeres, pero todavía arrastramos algunos estereotipos, que nos limitan muchas cosas, pero hay que seguir luchando para abrir esas puertas que tal vez no van a ser para nosotras, pero van a ser para las siguientes generaciones.
No es fácil ser mujer indígena, no es fácil verse pequeñita, midiendo 1.57 metros cuando buscan al ingeniero y se encuentran con una mujer de color, de tez oscura.
-Como becaria de Future Rising tenés que hacer un libro en aimara y en inglés sobre el trabajo en el lago Uru Uru, contanos un poco más de eso
Sí, estamos en ese proyecto. Ya hemos terminado de escribir la versión en inglés y ahora estamos con el tema de la versión en aimara y luego viene el tema del diseño gráfico, la creación de los personajes. Yo pensaba que era como un proceso súper fácil, pero toma mucho tiempo. Será un children's book porque para nosotros es importante transmitir a las nuevas generaciones lo que está pasando y decir por qué es importante cuidar y preservar, así como que sepan quiénes están viviendo en el lago y qué animales dependen del lago.
-¿De qué se trata el evento al que vas en abril a Nueva York?
Se trata de The World Around, tengo que viajar a Nueva York para presentar un video que hemos elaborado con ellos, además de asisitr a charlas sobre cómo crear más contenido atractivo para redes sociales, nuestro siguiente objetivo es abrir una cuenta de TikTok. Lo que queremos es aprender a comunicar con las personas a las que no les interesa hablar de cambio climático, que no les interesa saber qué están consumiendo y lo que están consumiendo, cómo está afectando al lago.
Además, el premio ha sido muy reñido porque han participado muchos jóvenes, alrededor de 6.000 de todo el mundo y yo ni pensé que iba a ser una de las ganadoras. Son 4 los premiados, dos de Nigeria, uno de Argelia y una de Bolivia.
Me siento feliz porque todos los que han participado son muy pilas, muy inteligentes y para mí ha sido una grata sorpresa ganar entre personas muy brillantes haciendo cosas increíbles.
-Volviendo al tema del lago, ¿con qué se está solventando el trabajo de restauración? ¿Quién apoya?
Tenemos un premio, The Ecuador Prize, ellos nos están ayudando financieramente por un año, también nos hemos establecido con el apoyo de UNDP, pero estamos buscando más fondos aliados.
Pero el principal apoyo es la gente, que tiene que ir atrás con sus hábitos de consumismo. Si seguimos consumiendo en la forma que consumimos, no sé qué va a pasar con el mundo. Ahora los jóvenes son vitales, con pequeñas acciones como dejar de consumir gaseosas que están contaminando. Necesitamos conectar con esas personas que no les interesa hablar de esto. Esperemos que, tal vez, esta entrevista nos ayude a conectar con ese público que no está interesado en el lago y solo quiere tomar una gaseosa.