Tras el cierre de las mesas de votación este domingo, la atención de la jornada electoral en Bolivia se trasladó al conteo de votos, que en esta ocasión se desarrolla con una participación inusual de la ciudadanía. En recintos como la unidad educativa María Vaca Díez, en Santa Cruz, decenas de personas permanecieron en las aulas para observar el escrutinio junto a los delegados de las organizaciones políticas y los jurados electorales.
Las escenas se repitieron en varios puntos del país: papeleta por papeleta fue mostrada ante los delegados, mientras la población vigilaba atenta el proceso, exigiendo transparencia. A diferencia de anteriores comicios, en los que el cierre de mesas era seguido solo por los actores políticos, esta vez los ciudadanos asumieron un rol de fiscalización directa.
La expectación no es casual. Estas elecciones generales de 2025 son consideradas por analistas como las más trascendentes del nuevo milenio, pues podrían marcar un cambio de timón político después de casi dos décadas de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS). Los primeros sondeos y proyecciones apuntan a un escenario de viraje, lo que explica el clima de tensión y el interés ciudadano en cada voto.
El fantasma de 2019 atraviesa todo el proceso. Ese año, la OEA denunció “manipulación dolosa” y “graves irregularidades” en el sistema de conteo rápido, lo que llevó a la anulación de las elecciones y a la renuncia de Evo Morales tras semanas de convulsión social.
Desde entonces, la confianza en los órganos electorales quedó seriamente dañada, y muchos sectores consideran que la vigilancia ciudadana es la única garantía para preservar la transparencia.
Por eso, en 2025, diversas plataformas ciudadanas y cívicas se han activado para vigilar el proceso. Iniciativas como “Observa Bolivia”, “Mi Voto Cuenta” y redes universitarias de veeduría electoral se desplegaron en varios recintos para registrar el escrutinio con fotos y actas digitalizadas. En redes sociales también circularon grupos que centralizan información de las mesas, con el fin de contrastar los resultados oficiales con los datos recogidos en el terreno.
El objetivo común es evitar anomalías como el corte abrupto de la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) de 2019, que generó sospechas de manipulación. Ahora, cada acta es fotografiada y compartida públicamente, un mecanismo que busca blindar el proceso frente a cualquier intento de alteración.
En otras regiones, comités cívicos, plataformas y observadores internacionales monitorean de cerca la misma fase.
La jornada cerró en calma, pero el país entra ahora en su momento más sensible: el recuento de votos, convertido en el verdadero termómetro de confianza de unas elecciones que la ciudadanía sigue con lupa y que podrían redefinir el rumbo político y económico de Bolivia.