He esperado hasta el tope para mandar esta columna a mi editor, con la esperanza de que se conozca quiénes serán los postulantes a la Vicepresidencia del Estado y la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) y pueda comentar al respecto.
Hasta este momento, sólo Samuel Doria Medina, que aparece en las encuestas serias conocidas hasta ahora como el preferido en el mundo de la oposición al masismo, lo ha hecho pateando el tablero (luego de una semana que le ha sido difícil por lenguaraz) anunciar el nombre de quien será su candidato a la Vicepresidencia, un ciudadano de buena reputación académica, profesional y política: José Luis Lupo.
Se trata de una opción que, al parecer, no está circunscrita sólo a un interés proselitista sino a lanzar el mensaje de que si Doria Medina llega al poder piensa gobernar en serio, pues se trataría de una candidatura que no responde a presiones regionales, de sexo o culturales, sino a la necesidad de enfrentar la profunda crisis estructural que vive el país (que pueda concretarse o no, es otra cosa).
Es que la Vicepresidencia no es cualquier cosa ni oficio de principiantes. Desde la recuperación democrática en 1982, quienes han ocupado ese puesto fueron personalidades con peso específico propio: Jaime Paz, entonces miembro de la troica que dirigía el MIR y reconocido luchador por la democracia; Julio Garret Ayllón, ex rector universitario, parlamentario y embajador; Luis Ossio Sanjinés, presidente de la Democracia Cristiana, defensor de derechos humanos y reconocido militante demócrata; Víctor Hugo Cárdenas, pedagogo, fundador de la más importante corriente democrática del indigenismo boliviano; Jorge Tuto Quiroga, ex ministro de Estado y jefe de campaña de Hugo Banzer Suárez; Carlos Mesa, reconocido intelectual y periodista; Álvaro García Linera, también con fuerte presencia en el ámbito intelectual del país, y David Choquehuanca, con elevado prestigio en el área rural y el mundo de las ONG.
Es decir, la Vicepresidencia no es un espacio para comenzar a ejercer la acción política ni la improvisación, más aún si se recuerda que las atribuciones del Vicepresidente son, de acuerdo a la Constitución, además de asumir la Presidencia en caso de ausencia del titular (lo que no es poca cosa), coordinar las relaciones entre el Ejecutivo, el Legislativo y los gobiernos autónomos; participar en las sesiones del Consejo de Ministros, “coadyuvar” con el primer mandatario en “la dirección de la política general del Gobierno, y participar conjuntamente con el Presidente, en la formulación de la política exterior, así como desempeñar misione diplomáticas (Art. 174), atribuciones que Lupo, por su experiencia, puede ejercer plenamente.
Desde otro enfoque, conocer la propuesta de Doria Medina (y como será cuando se conozcan todas las postulaciones la próxima semana) me ha permitido dejar de comentar sobre la insulsa discusión sobre si las oposiciones al MAS presentan un solo candidato o no, impulsada fundamentalmente por los seguidores y familiares de los candidatos que, de acuerdo a las encuestas más serias que hasta ahora se conoce, aparecen del segundo puesto hacia abajo. También por expresiones representativas de ciertos sectores intelectuales (reales y autodefinidos así) que intentan que “sus amigos” (sean Samuel Doria Medina, Tuto Quiroga y Manfred Reyes) se pongan de acuerdo en elegir a uno de ellos y así evitar perder la amistad de los otros dos, lo que sucedería si mantienen su postulación los tres.
Conocer los nombres de candidatos a ocupar el rascacielos presidencial y la ALP también evitaría referirse a quienes han hecho del Facebook y X espacios para vomitar sus angustias. Se trata de quienes critican a cuanto postulante aparece, son incapaces de separar la mies de la paja y obviamente su única participación es el corto mensaje que difunden (generalmente mal escrito) en contra de “tutili mundo”, salvo… y aquí está el quid, de algún amigo “outsider” o él mismo. O a quienes analizan la política como si fuera un campeonato de fútbol o tenis, emitiendo cuanta opinión descabellada puedan tener (con algunas excepciones, sin duda) sin que nunca en su vida hayan entrado en cancha.
En fin, Doria Medina ha hecho una buena contribución para variar sobre el mismo tema y, sobre todo, recordar que la Vicepresidencia no es (o no debe ser) la quinta rueda del carro, la misma que, pese al corto tiempo que les queda, puede ser emulada por los otros aspirantes a la Presidencia.