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No tengo la culpa

Viernes, 12 de diciembre de 2025 a las 04:00

Un día caminaba por la montaña y zas, me resbalé y me golpeé muy fuerte. Luego pensé por qué me caí. La verdad que me recriminaba porque debí estar más atento. Pero luego pensé que el terreno estaba descuidado y que los dueños del lugar no invertían en un camino. La vida no es solo para recriminarnos. Las condiciones y los espacios no siempre están dados. Solo que nos acostumbramos a guerrear, a esforzarnos y a caminar por donde es difícil. Pero no siempre estamos tan fuertes y tan hábiles para lograrlo.

y hoy quiero hablarle al corazón a todos aquellos que se sienten culpables, que solo ven el error como culpa suya y no como parte de su entorno. Si bien, tenemos capacidad de decisión, pero hay situaciones que nos superan. Así como mi caída, que ni la pensé, ni vi el peligro, cuando menos me di cuenta, estaba vulnerable y lleno de lodo. Así pasa en muchos caminos.

También recuerdo cómo en un sistema masivo de transporte una joven peleaba para que un ladrón no se llevara su mochila. Ella peleaba a muerte por sus pertenencias. Y es que allí tenía su tesis en una memoria digital. Pero ella nunca se imaginó que sería victima de la inseguridad social. Ella lloraba y decía que tenía la culpa. Pero ella no tiene la culpa que cada vez la inseguridad crezca y que no existan garantías de bienestar y seguridad. Si bien es cierto hay que estar alerta.

Pero mis queridos amigos, quisiera pedirles que revisaran qué situaciones les han sobrepasado, y han vivido una experiencia dolorosa de la que se culpan así mismos. Un medico lloraba muy fuerte, porque él no había podido salvar a su mamá. Pero la realidad era que su madre tenía varias dolencias y enfermedades, no era su culpa. Fue una historia clínica larga y dolorosa.  Otro profesional de la salud derramaba sus lagrimas por no haber podido salvar a un joven que sufrió un accidente con gasolina. Pero al final, el mismo médico decía, llegó casi muerto, solo un milagro lo salvaba. Es decir, hay situaciones muy dolorosas. Y las personas tendemos a sentir culpa por cosas que se nos escapan de las manos.

Ahora si hablemos de quienes dicen, definitivamente si tuve la culpa. Muy bien, no vamos a quitar la culpa a quien asume su falta. Pero si quisiera que se permitiera pensar, ¿por qué hizo lo que hizo? ¿dónde lo aprendió? Porque hizo algo que tal vez no quería hacer y lo hace.  O cómo dice san Pablo apóstol: “ Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado.” Romanos 7 19-25

Tal vez si nos preguntamos por qué hacemos lo que hacemos, y no solo nos recriminamos, entenderemos muchas cosas y al asimilar su procedencia, podremos ir sanando y aprendiendo a perdonarnos.

El camino del conocimiento es revelador y sanador. Por ejemplo, de dónde nace la infidelidad. En muchos casos proviene de conductas aprendidas y vividas con dolor. Un joven, cuando era niño vio a su padre ser infiel, eso le causaba dolor, pero en lugar de vivir una experiencia diferente, lo llevó a aprender esa misma realidad. Ese niño pequeño sin querer aprendió desde muy temprano que eso se podía hacer. Había una confusión en su vida, sentía dolor, pero aprendió a hacer lo mismo. Se preguntaba  por qué no era capaz de ser fiel y además sufría cuando no lograba corresponder al amor de su esposa y de sus hijos. Sentía que desfallecía, pero descubrió que ese niño seguía allí viendo a su padre ser infiel, y que hacia lo que mas detestaba.

Cuando descubrió de donde provenía empezó a trabajarse. Su corazón empezó a ser más fuerte. A valorar a la esposa que amaba.  Desaprender no es fácil, pero cuando existen momentos de trascendencia, de seria reflexión, entonces el ser humano marca la ruta de su vida.

Que Dios, nos ilumine, nos enseñe a conocernos y a marcar nuestra ruta, para que no la marquen nuestros dolores.  Esto ayudará a no quedarte dando vueltas a la culpa, sino a profundizar de dónde vienen los actos aprendidos, y a decidirse por nuevos horizontes.

Mi querido amigo lector, no te cargues con la culpa. Detente, revisa tu entorno, examínate, trasciende, y vivirás con menos culpa y más amor contigo mismo: sanarás.

Su amigo

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