El 9 de diciembre de 2025, en Washington, Estados Unidos, los Ministros de Relaciones Exteriores de Israel y Bolivia, Gideon Sa’ar y Fernando Aramayo Carrasco respectivamente, comunicaron pública y oficialmente la reanudación de relaciones diplomáticas, luego de permanecer suspendidas desde 2009 y su ruptura en 2023 por parte del anterior régimen gubernamental boliviano, con una breve excepción en 2019 durante la presidencia de Añez.
La herencia milenaria de ambas naciones, cuenta con diversidad de historias y legados, que se fueron transportando a través del tiempo, cada uno de ellos marcando la importancia para el correspondiente desarrollo y evolución de su país, a partir de diversos desafíos que les tocó enfrentar, convertidos en Estados reconocidos legalmente en el Sistema Internacional.
La presencia de practicantes del judaísmo en Bolivia, data desde la fundación de esta en 1825, a través de sefardíes y asquenazies en las regiones orientales hasta finales del Siglo XIX. Para 1917, se estimaba que alrededor de 30 familias eran practicantes de la religión, incrementándose su población a partir de oleadas provenientes de la Europa nazi, luego de 1930 y fortaleciendo su densidad posteriormente, con importantes comunidades en el eje central, constituidos en empresarios y construyendo colegios relevantes como el Boliviano-Israelita.
En 1972, se acordó que los ciudadanos israelíes no requerían visa para visitar Bolivia, pero ya para 2009 el régimen gobernante, a la cabeza de Morales, rompió relaciones con Israel provocando que la exigencia de visa para sus ciudadanos sea obligatoria.
Esa decisión, al margen del antisemitismo declarado por parte de ese régimen gobernante boliviano, afectó directamente el turismo en regiones como Rurrenabaque, famosa en Israel y el mundo, por el aventurero y escritor israelí Yossi Ghinsberg, que se extravió en la zona en 1981 e inspiró la película “Jungle” en 2017, protagonizada por Daniel Radcliffe (Harry Potter), cuyo éxito e impulso para el turismo a favor de Bolivia, se eclipso por decisiones adoptadas por el gobierno.
En anterior columna de opinión, se explicó que la Política Exterior boliviana, es adoptada por el Jefe de Estado, acorde a lo establecido constitucionalmente. Por lo que, no es sorpresivo que en 2025 el actual Presidente Rodrigo Paz Pereira, haya decidido inteligentemente reestablecer relaciones con Israel, que sostiene alianza con EEUU, relación gravitante sobre todo para Iberoamérica y la subregión, con lazos fortalecidos con Argentina, Paraguay, Perú y ahora Bolivia.
Es innegable que, Israel es una potencia tecnológica, convertida en un centro mundial de I+D+i, destacando en las ciencias de la salud, con avances en nanotecnología y el tratamiento de la diabetes y la artrosis, por mencionar algunos ejemplos. También en, la generación de agua, producción agrícola, desarrollo sostenible, turismo – una de las columnas de desarrollo estratégico apostadas por el actual gobierno boliviano -, atención a los desastres naturales con el MASHAV, etc.
En el campo de la seguridad, sus avances son innegables, pues al ser un país pequeño tuvo que desarrollar soluciones para su preservación como nación y como Estado, fruto de ello es que las FFAA y Policía boliviana, utilizan algún armamento de origen israelí, como las pistolas Jericho o los fusiles Galil, aunque hoy en día se tienen soluciones más modernas y potentes para escenarios híbridos.
En temas de digitalización, avances en ciberseguridad, ciberdefensa, IA, desarrollo de drones para aplicaciones de seguridad ciudadana, fronteriza, rescate, incluyendo agroindustria, ganadería, minería, industria de hidrocarburos y otros, fueron desarrollados con éxito por Israel.
De allí que, la cooperación internacional entre ambos Estados es muy importante, cuya agenda ahora se enfocó en el fortalecimiento del diálogo político continuo y la exploración de oportunidades empresariales para el desarrollo entre Israel y Bolivia, construyendo así nuevos lazos.