La satisfacción de la vida parece que fuera un tema externo, de mostrarse fuerte, de verse como ganador. Pero la realidad es que hay ganadores que aunque oficialmente lo son, no gozan de la estima verdadera de la cual se satisfacen los líderes triunfadores. Hay gente que gana cosas a través de la trampa y de la manipulación. Están obsesionados de poder.
El presidente de Venezuela Nicolás Maduro afirmaba que el pueblo vivía en abundancia de medicamentos y víveres. Y la realidad era otra.
Cuando viví en Venezuela siendo él presidente, la mayoría de las personas desestimaban a su mandatario, y hacíamos enormes filas para conseguir un solo producto. Recuerdo las interminables colas para comprar un pan, para conseguir unos cuantos huevos, y la fila de la utopía, al intentar conseguir un medicamento. Era perder horas de fila ante el inclemente sol.
Pero si prendías la televisión y veías las noticias, el presidente en sus alocuciones mostraba grandeza y un pueblo que lo aplaudía. Si bien, no era un ganador, era un hombre instaurado en el poder, cegado a cualquier ejercicio político que lo llevara a proceder por el beneficio del pueblo.
Este artículo no pretende tener una crítica política. Sino una manera de revisarnos cada uno de nosotros. Porque al final lo que importa es que gane el amor. Puedes ganar por ganar lo que sea, pero lo más interesante es que te sientas feliz, que ames tu vida, y ames la realidad de quienes te acompañan. El triunfo más lindo es la experiencia del amor y sentir paz en el corazón.
Una vez vi como alguien tenía mucha astucia para dar vuelta a las cosas, y para manipular la realidad. Al final consiguió lo que quería: Obtuvo el liderazgo de una comunidad. Se mostraba como fuerte y grande. Pero lo llamativo es que la mayoría de las personas que participaban en esa comunidad se fueron retirando, porque todos reconocemos los verdaderos intereses del corazón.
En nuestra querida América Latina hay algo mágico en el corazón de quienes la habitamos y es la bonita empatía. Percibimos a quien nos trata con aprecio y también logramos detectar cuando no hay verdadera cercanía. Y creo que ahí está el secreto. Ser buena persona es lo que nos va a dar una digna experiencia. Todos recordamos al que nos trató bien, al que nos ayudó en los momentos difíciles. Esas personas que nos sirvieron con generosidad, nos robaron el corazón.
Y creo que hoy gana el empático, el servicial, el que perdona, el que es capaz de pensar un mundo sin violencia, desde un compromiso sincero. Hay que dejar aflorar las buenas cosas en el corazón.
Estamos iniciando el año, y recibimos mensajes muy lindos al finalizar el 2025, deseándonos lo mejor. Por eso, pensar cómo vivir este nuevo año, es decidirse a pensar bien. Es acoger los conceptos y las ideas más valiosas, es ver con dignidad al que no me cae muy bien, porque él también merece una mirada más completa y respetuosa. Es decir, tener la capacidad de cultivar en la tierra de nuestra huerta interior, pensamientos altruistas que poco a poco irán dando fruto.
Siempre ganará el que es elegante, sincero y respetuoso. Puede ser que te traten mal, puede ser que te hagan llorar, pero recuerda: mantén tu elegancia y al final, sin hacer nada, ganarás. Sí, porque en el fondo estás batallando para no perder el amor, y el amor es lo que nos hace felices y nos dará la victoria.
Romper la tentación de ganar por ganar, olvidarnos de tener victorias superficiales, y conquistar con el amor.
Su amigo.