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Dudas y esperanzas del nuevo TSE

Lunes, 22 de diciembre de 2025 a las 06:36

A trompicones y con disidencias marcadas, la Asamblea Legislativa Plurinacional consensuó la lista de nuevos vocales electorales. 440 postulantes iniciaron la carrera, 259 llegaron a la recta final y, después de más de 24 horas de sesión, se logró el acuerdo. El mismo sábado en la noche, el vicepresidente Edmand Lara posesionó a las nuevas autoridades del Órgano Electoral. En ese mismo acto, Lara les recalcó que “desde el momento en que asumen el rol (de vocales del TSE), no se deben a ningún partido político: se deben a la Constitución y al pueblo boliviano”.

En este breve resumen, da la impresión que el proceso de selección y elección de vocales electorales para el TSE se desarrolló dentro de unos cauces normales. Incluso, las palabras de Lara refuerzan esa percepción de corrección que tantas veces se impone en la política actual. Pero, los entretelones de esta elección han destapado ciertas inquietudes y dudas en el confuso arco parlamentario. 

Llamó la atención la posición asumida por el vicepresidente y sus seguidores. Desde la instalación de la sesión, el viernes a las 11:30, se mostraron incómodamente agresivos con la intención de imponer su propia agenda. Pidieron alterar el orden del día para anteponer un proyecto de ley que derogase el decreto supremo 5503 lo que, en la práctica, supondría un golpe directo a las políticas emprendidas por el Ejecutivo, ese mismo Ejecutivo en el cual Lara es el vicepresidente.

Más adelante, la disputa se trasladó a la conformación de listas. La selección de seis vocales, entre una lista de 259 postulantes aprobados, demandaba una dinámica de consenso. La labor se encomendó a los jefes de bancada que, en un ejercicio de apertura, devolvieron al plenario dos planchas para acelerar el proceso de definición. Todos estaban de acuerdo menos la facción larista del PDC. Este grupo - si bien reducido en número, altisonante en su discurso – se convirtió en el principal obstáculo para el acuerdo. 

Las horas pasaban entre debates punzantes y cuartos intermedio interminables. Hasta que, a las 4:20 de la madrugada, alguien iluminó al vicepresidente. Lara propuso que la votación sea libre y nominal. Con esa decisión, desconocía los acuerdos alcanzados entre los diversos frentes, y en los que el mismo participó. 

Más de un asambleísta recriminó la conducta antojadiza de quien debió guiar un debate respetuoso que prime el consenso. La actitud de la autoridad, respaldada ciegamente por los legisladores afines, demostró la particular mirada que tienen de la democracia, muy semejante a la que se vivió durante años en otros gobiernos.

Quedaba más que claro que la facción larista contaba con su propio candidato a vocal del TSE y que no lograba incluirlo en la plancha. También se evidenciaba el estilo caprichoso del vicepresidente para dirigir la sesión: frente a las situaciones adversas, en las que no logra imponer su criterio, recriminaba a los asambleístas, confrontaba o declaraba un cuarto intermedio para ganar tiempo. Todo servía para buscar la forma de incluir en la lista de los elegidos a los postulantes de su preferencia. De nada sirvió que las siete bancadas, seis y media como detalló un acucioso diputado para remarcar la disidencia reiterada de los seguidores del vicepresidente, redujeran la elección a una única plancha. Lara se sacó bajo la manga un sistema de votación abierto. Aun así, no logró doblegar al consenso partidario y se impuso la plancha única.

Los nuevos vocales tienen la compleja misión de validar la confianza ganada por la institución. Sus actos, en este proceso eleccionario en curso, serán claves para ratificar el respaldo obtenido.

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