Al escuchar tanto esa frase, siempre me pregunté qué quería decir ser feliz o sentir felicidad. Nunca encontré una respuesta convincente. Ni filósofos, ni tiktokeros, ni influencers me daban la respuesta hasta que me encontré con esta frase del psicólogo italiano Massimo Ricaldi:
“La felicidad es amar lo que se tiene” y concluye “y orientarse a lo que realmente importa”.
Me puse a pensar:
Tengo una salud aceptable para mi edad.
Tengo una compañera a la que amo desde hace más de 50 años.
Tengo una familia alegre y solidaria con la que nos juntamos todos los jueves.
Tengo amigos que me aprecian.
Tengo una casa hecha por mí mismo hace más de 40 años.
Tengo una profesión que amo.
Y ahí me detuve, porque tenía que decir: “y vivo en una ciudad que amo…” pero la frase no me salía, y es que hay tanto, tanto que nos aflige en el devenir de esta ciudad que la frase no sale fácilmente.
Y aquí viene el fondo de la reflexión: Hace unos días, Udine, la ciudad italiana de mi esposa Laura, cumplió 1.000 años de existencia, pero allá es considerada una ciudad joven pues en las cercanías hay ciudades etruscas que tienen más de 2.500 años.
Nuestra Santa Cruz, verdaderamente como ciudad tiene mi edad, y ha crecido tan rápido, tan atropelladamente que no ha podido resolver en tan poco tiempo los enormes problemas que ese crecimiento ha generado.
Vengo trabajando y escribiendo sobre Santa Cruz desde hace 50 años y, sin embargo, uno ve que los problemas detectados hace 25 años, en el I foro de CEDURE, son los mismos: Desorden, comercio callejero, suciedad, informalidad, pobreza, mal servicio de salud, pésimo transporte público, descuido de espacios públicos, etc.
En ese foro, de 1999, se detectaron los problemas y la lista era eterna; sin embargo, y aquí viene lo bueno, también se pidió a los participantes que se pronunciaran sobre lo bueno de la ciudad, y allí también la lista era infinita: Santa Cruz, se dijo, es una ciudad solidaria, alegre, activa, dinámica, vital, llena de energía…
¿Pero entonces, qué pasa? Pasa que Santa Cruz es una adolescente que todavía se debe disciplinar, que debe todavía aprender muchas cosas, es decir, que se debe educar, lo que significa autodisciplina y conocimientos.
Si vemos bien, casi todos nuestros problemas se derivan del comportamiento humano. Ya todos lo han dicho: no se puede construir democracia si predomina la ignorancia. Una población ignorante votará siempre por los charlatanes y manipuladores, pues no tiene capacidad de reconocer a quien representa sus verdaderos intereses como ciudadano y caerá siempre víctima de los charlatanes de turno.
Un programa de formación ciudadana con temas de cultura política, ambiental, de educación vial, de convivencia urbana y de gestión municipal es la mayor prioridad y debería estar en todos los programas electorales. En CEDURE lo venimos planteando desde hace 25 años y los ensayos que hicimos tuvieron gran éxito, pero al final faltó el apoyo de quien debería ser el principal interesado. Ojalá que los políticos de hoy, después de tantos años, lo entiendan.
Así que sí, amo mi ciudad, así maltrecha, mugre y atropelladora como es, porque comprendo que nadie ha hecho nada por esta pobre criatura y creo que es hora de que nos ocupemos de esta adolescente rebelde pero valiosa, antes de que se pueda descarriar completamente. Todavía hay esperanzas, no es tarde. Sigamos peleándola. ¡Feliz Navidad, Santa Cruz!