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Cara a cara

Viernes, 13 de febrero de 2026 a las 04:00

Carnaval es esa época en la que Bolivia se mira al espejo… y se gusta. Santa Cruz se prepara para su gran Corso, lista para rendirse ante Camila I en su máximo esplendor, entre brillo, espuma y comparsas que convierten el asfalto en escenario. Oruro, la capital del folklore, afina bombos y matracas para recibir -una vez más- a miles de devotos de la Virgen de la Candelaria en esa manifestación exuberante e inigualable y que desafía el cansancio y la altura.

 Es también tiempo de viajes. De carreteras que conducen a Samaipata, al Salar, a la Amazonía, a los valles, a esa Bolivia amada que siempre tiene un paisaje pendiente. Tiempo de gastronomía sin culpa, de masaco al amanecer, de api reparador, de charque, de saice, de disfrute a raudales. El país celebra como sabe hacerlo: con exceso de alegría y abundancia de colores.

 Pero entre tanta fiesta conviene recordar lo obvio: si va a beber, no conduzca, aunque a veces es lo primero que olvidamos. Y si conduce, disfrute del paisaje con sobriedad. No hay comparsa que valga una imprudencia ni selfie que compense una tragedia. El carnaval no debería medirse en estadísticas hospitalarias.

 Y hablando de salud, en Santa Cruz el chikunguña no está de vacaciones. La epidemia evoluciona mientras nosotros planificamos espuma y serpentinas. Bien hacen las autoridades en insistir en el cuidado. También es importante recordar que en carnavales nunca está demás protegerse y proteger a la pareja. Porque algunas consecuencias no aparecen el miércoles de ceniza… sino en octubre o noviembre.

(*) Editor

 

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