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Cara a cara

Jueves, 08 de enero de 2026 a las 04:00

 La resolución ministerial 0001/2026 que dispone las normas generales para la gestión educativa de este nuevo año se publicó al inicio de semana y casi nadie quedó indiferente. Soy de la generación de padres a los que nos tocó ver que la formación educativa de ahora era más ‘light’ que la que nos tocó a nosotros. De pronto la evaluación de su desempeño escolar fue más flexible y los mismos alumnos podían calificarse. Para algunos este aspecto era positivo, como herramienta para empoderarlos para ser críticos consigo mismo y ser capaces de evaluarse y hasta mejorar, pero para otros fue un recurso para ‘salvar’ el promedio.


 Estoy hablando de los famosos criterios de evaluación: Ser, Saber, Hacer y Decidir, que, según la unidad educativa, podían tener un peso diferenciado. Fue así como el Ser y la participación llegaron a tener un peso alto que derivó -no siempre, no hay que generalizar- en inflación de calificaciones y la consecuente promoción al siguiente curso sin el dominio suficiente de los contenidos.


 El año escolar no ha empezado, pero considero que es positivo que ahora los criterios de evaluación tengan un valor fijo (Saber, 45%; Hacer, 40%; Ser, 10%; y la autoevaluación solo del 5%). Esto jerarquiza el aprendizaje cognitivo y se limita el peso de lo subjetivo, para ahora sí, enfocarse en lo que en realidad se promueve en el mundo: lectura, escritura, cálculo... Esperemos que ahora sí podamos superar las debilidades estructurales en lectoescritura y matemáticas que hoy vivimos.

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