El 2025 quedará registrado en la historia política reciente de Bolivia como un año de grandes sorpresas. Al ser un año plenamente electoral, los resultados reconfigurarían el escenario político después de 20 años de absoluta hegemonía del Movimiento al Socialismo. De cualquier forma, los resultados rompieron los pronósticos y surgieron actores impensados, alterando profundamente el mapa político.
En el inicio, el proceso electoral estuvo signado por la incertidumbre, en cuanto a su realización. Las elecciones judiciales pasadas habían dejado un terrible legado: el proceso podía ser interrumpido en cualquier momento. Sin embargo, sin ninguna alteración, todo el cronograma electoral, tanto en la primera como en la segunda vuelta, se cumplió milimétricamente. Las autoridades del Órgano Electoral Plurinacional cumplieron eficientemente sus funciones, alejando la incertidumbre sembrada, incluso, de fraude.
Estas elecciones no solo definieron autoridades, produjeron además abundantes sorpresas. Desde inicios de año, con distintos matices, el clima estuvo marcado por las expectativas electorales. No se trataba de una elección más. La crisis económica fue el trasfondo de todo el proceso. La ausencia de divisas, la escasez de combustibles y la inflación, fueron los temas de debate y propuestas.
También, el desgaste del régimen y del partido azul convirtieron las elecciones en una suerte de “plebiscito”. Por primera vez, desde su consolidación como partido dominante, el MAS llega a estas elecciones dividido en tres fuerzas políticas, sin liderazgos y sin un relato coherente. Andrónico Rodríguez, el candidato proyectado por la izquierda internacional y los “García Lineras”, tuvo una pésima performance, apenas logro el 8%. El voto del electorado “nacional popular”, que calculaban ellos, suficiente para el triunfo, se desvió a un “tiktoker”. Eso, trastocó todos los cálculos.
Ahora bien, dada la cantidad de candidatos, tanto del campo opositor como los que provenían del MAS, era previsible una segunda vuelta. Esto es en lo único donde no se equivocaron los “analistas”.
Divididos, los candidatos de oposición Samuel, Tuto y Rodrigo, y los del MAS, Andrónico y Del Castillo, no logran capitalizar plenamente el voto ciudadano. Más bien, dispersaron el voto, que fue más emocional y, en muchos casos, profundamente antipolítico. La gran sorpresa fue, sin duda, el triunfo de Rodrigo Paz. Las primeras encuestas no le otorgaban ni el 5% de la preferencia electoral. Acabó ganando con una diferencia significativa. ¿Fue la votación del “tiktoker” la que le dio el triunfo a Paz en la primera vuelta? Todo indica que hubo una notable incidencia. El electorado “nacional popular” inclinó su voto al Cap. Lara. Ese voto que los “androniquistas” habían calculado para sí.
En la segunda vuelta, sucede también algo insospechado. Un gran porcentaje de los votos nulos de Evo Morales que, habían alcanzado cerca a 1.300.000 en la primera vuelta, se dirigieron a Rodrigo Paz. En ese sentido, se puede afirmar que Paz fue elegido presidente con los votos de Evo.
Si esto es así, en la primera vuelta gana con los votos del “tiktoker” y en la segunda, con los votos de Evo. Vean las sorpresas. Esto no estuvo en los cálculos de nadie, ni del más avezado analista. La política esta signada por las sorpresas, empero, no de esta magnitud.
La elección de Rodrigo Paz fue potenciada por la figura de su candidato a vicepresidente, convertido en fenómeno digital. El Cap. Lara logró conectar con sectores populares cansados del lenguaje tradicional a través de sus redes sociales, entre ellos su arma fundamental: el Tik Tok. En las predicciones de los “yatiris” más experimentados, jamás estuvo la idea de que el 2025, Bolivia iba a tener a un tiktoker como vicepresidente.
Las sorpresas no acabaron ahí. Una vez ungidos como autoridades el 8 de noviembre, el vicepresidente, en apenas doce días de funciones, se declara opositor. Dejando al margen y abandonando sus altas funciones como presidente del Órgano Legislativo, rápidamente se convierte en un actor mediático, con declaraciones estridentes, contradictorias y gestos informales.
Su postura, dicho sea de paso, bipolar, ha puesto en riesgo no solo la gobernabilidad, sino la estabilidad económica. Esa estabilidad que todos los bolivianos ansiamos luego de tanta incertidumbre. La estabilidad y la gobernabilidad no se sostienen con likes ni videos virales.
Su conducta agrava más aún la situación. Denuncia y acusa sin pruebas. Afirma y desmiente rápidamente, reflejando profundos desarreglos emocionales. Tratando de entender su conduta, al parecer, su oposición sistemática tiene origen en la idea que él es el artífice del triunfo de Rodrigo Paz. Él gana gracias a sus votos. Por lo tanto, quiere su “pedazo” en el aparato del Estado. Necesita espacios y recursos para distribuir entre sus seguidores. No cesara en sus afanes desestabilizadores, mientras no le den los espacios que considera legítimamente ganados.
Justamente, en el año que viene, uno de los grandes desafíos de Rodrigo Paz, al margen de los otros grandes problemas, será lidiar con el díscolo tiktoker, que fue una de las grandes sorpresas que nos deparo el 2025.