Más allá de los resultados del histórico balotaje y el inicio de un nuevo gobierno, el 19 de octubre, se clausura una era política. Después de 20 años, el oprobioso régimen masista llega a su fin. Las votaciones obtenidas por los dos candidatos del MAS el 17 de agosto, marcan este inicio del fin, que se produce más por el hastió a la forma de gestionar el poder, basada en la corrupción y saqueo del Estado.
Cuando tomaron el poder, en enero del 2006, juraron a la Pachamama y a los cuatro vientos, cambiar la forma de hacer política y recuperar su verdadero sentido.
En el inicio, ilusionaron con el discurso de inclusión, equidad, justicia y honradez. Enarbolando los principios cardinales de la cultura quechua, “no ser flojo”, “no mentir” y “no robar”, se proclamaron como la última reserva moral del mundo. Veinte años después, los resultados y los hechos, al margen de denunciarlos como embusteros y viles impostores, nos permiten apreciarlos como realmente son: falsos izquierdistas que, con el discurso del pueblo, robaron a diestra y siniestra.
Con un breve interregno entre el 2019 y 2020, en total, fueron cuatro gestiones continuas. Tres de Evo Morales y, la que termina, de Arce Catacora.
La primera gestión, del 2006 al 2009, fue la más turbulenta. Tenían el gobierno, pero no tenían el poder. Las diferencias entre las dos Bolivias, habían agudizado los clivajes étnico y regional, que podían desembocar en una guerra civil. En ese tiempo, éramos los “Balcanes de los Andes”.
Como habían prometido al llegar al poder, que se iban a quedar 500 años, debían destrabar ese “empate catastrófico”. Para ello, tenían que acabar con la resistencia y la oposición de la media luna, con epicentro en Santa Cruz. Conciben y ejecutan dos macabras estrategias: La “masacre en el Hotel Las Américas” y la “masacre de Porvenir”. Los responsables materiales e intelectuales de estas operaciones, en determinado momento, tendrán que ser sometidos a la justicia y pagar por sus crímenes.
Acabando, de esta forma, con la resistencia de la media luna, persiguiendo y encarcelando a los opositores acusándolos de “separatistas”, consiguen aprobar el nuevo texto constitucional. Con nuevas reglas de juego, convocan a las elecciones de diciembre del 2009, donde obtienen la histórica votación del 64%. Con hegemonía absoluta en las calles y más de dos tercios en el parlamento, el 22 de enero del 2010, Evo Morales, entronizado en Tiwanaku, inicia su segunda gestión.
Fue inédita la concentración de poder en manos de una persona y un partido. Nunca antes, ningún presidente en democracia, había concentrado tanto poder. Sin embargo, a la postre, esa concentración se convertirá en una maldición. Como el poder cambia, inexorablemente se pervertirán y cambiarán el rumbo de la “revolución”.
Esa estructura de poder corporativista, basada en la “compra” de los movimientos sociales a través de la cooptación de sus dirigentes, comienza a destruir el Estado desde adentro. El proyecto de cambio muta a un proyecto de “poder eterno”, basado en el líder magnánimo.
Ni bien iniciada la segunda gestión, comenzaron a implementar su estrategia de reproducción para las elecciones del 2014. La bonanza económica, producto de la exportación de gas a los mercados de Brasil y Argentina, provocará un crecimiento geométrico de los ingresos. Nadie, en la historia gobernó con tanto dinero como Evo Morales. Ojo, el negocio del gas, recibió todo hecho. Con campos de gas descubiertos, gaseoductos construidos y precios extraordinarios.
Ahora bien, la administración de semejante excedente económico acabará corrompiendo, en extremo, a la élite masista. Comenzaran a robar en todo. En mega proyectos, grandes proyectos, obras pequeñas y todo tipo de compras. Claramente, se puede observar un inusitado proceso de “movilidad social”. Se convertirán pronto en los “nuevos ricos azules” del proceso de cambio.
La inédita bonanza económica, contribuirá significativamente en la reelección de Morales el 2010 y el 2014. Estaban en la gloria.
El 2014, nuevamente, conseguirán una extraordinaria votación que reeditara los dos tercios en el Congreso. Con todo ese poder, seleccionan y eligen a las máximas autoridades del Tribunal Electoral Plurinacional y el poder judicial. Digitan también las designaciones del Fiscal General, Contralor y Defensor del Pueblo.
Con esas ansias de poder eterno, con el fin de habilitarse por tercera vez el 2019, Morales convoca a un Referéndum para el 21 de febrero del 2016. Como el resultado fue negativo, acude a las autoridades de Tribunal Constitucional Plurinacional, que él mismo designó, para cambiar las reglas de juego, violando los resultados de la consulta popular. El 21F, luego, se convertirá en el punto de inflexión de la debacle masista.
Con todo en contra, enfermo del poder, organiza un fraude, para evitar la segunda vuelta en las elecciones del 2019. El desenlace es conocido. Evo Morales es apartado definitivamente del poder.
Sin embargo, producto del resultado de las elecciones del 2020, el régimen continuará con Arce Catacora. Empero, ya no con bonaza. El último presidente masista, gobernará en crisis, pero gastando igual, provocando la acelerada bancarrota. La corrupción, asímismo, continuará el camino trazado. Los masistas robaron en bonanza con Evo Morales. También robaron en crisis con Arce Catacora.
Hoy vivimos, días previos a la posesión del nuevo gobierno, los síntomas agudos de esta decadencia. Al borde del colapso energético, cerca del default, autoridades con ordenes de aprehensión, denuncias de corrupción, escándalos sexuales y desfalcos millonarios.
Ojalá sea perpetuo el fin de este apestoso régimen.
* Rolando Tellería A., profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón