Una noche en Broadway marcó el reencuentro de la Orquesta Filarmónica de Santa Cruz de la Sierra con el público, luego de más de dos años. El director artístico, Isaac Tercero, habla del significado de este retorno.
-Durante la pandemia, la orquesta mantuvo el contacto con el público con actuaciones virtuales. ¿Qué fue esencial para mantenerse en estos tiempos?
La orquesta pudo mantenerse gracias a la energía y la pasión del equipo humano. Durante la pandemia hemos visto a muchas instituciones culturales que cerraron sus puertas, algunas de ellas dejaron de existir, porque no había recursos ni la manera de subsistir haciendo cultura. La orquesta pasó por un tiempo de duras pruebas, hubo poca sensibilidad de las instituciones, en particular del sector público, con respecto a cuán esencial era la continuidad de la actividad cultural en época de crisis. No hubo empatía ni solidaridad, se entiende que la mayoría de los recursos debían volcarse al sector salud, pero también había cosas importantes que se descuidaron y se dejaron a la suerte de los protagonistas.
-Con Los Miserables , la Filarmónica ya nos había demostrado de lo que era capaz en materia de musicales. Pero con Una noche en Broadway da un paso más adelante. ¿Cómo surge la idea de presentar este espectáculo?
Habíamos propuesto tener musicales regularmente, al menos uno cada dos años. Cuando evaluamos la posibilidad de traer un musical completo, nos dimos cuenta de la dificultad que eso implicaba, especialmente a escala técnica y de gestión. Y cómo todavía estábamos en pandemia, dijimos, en vez de traer un musical completo, qué tal si traemos una colección de canciones emblemáticas de diversos musicales.
-¿En qué se basaron para la selección de las piezas?
Queríamos un producto basado en música de películas, pero encontramos esta colección que combinaba musicales de Broadway y cine, desde Amor sin barreras hasta La la land . Así que dijimos aquí hay un buen producto para nuestra audiencia, que se conecta con otras artes y es accesible al público en general. No podíamos hacer solo Disney, Andrew Lloyd Webber o Rogers y Hammerstein, teníamos que mostrar diferentes estilos, de voces y de historias. Había material para niños, jóvenes y adultos.
-¿Cómo califica la labor de Jacqueline McCaig como directora musical?
Es excelente, una persona muy dedicada y detallista, que cuida cada uno de los aspectos que se necesitan conjugar para el éxito de una producción de este tipo. Ella es conocedora y tiene experiencia en producciones de Broadway, es una persona en la que confío 100% cuando se trata de musicales porque ella conoce desde dentro este mundo. Es la que conecta todos los eslabones: la orquesta, los solistas, los cantantes, los bailarines, el vestuario, la escenografía, el sonido y la iluminación.
Broadway
-¿A dónde apunta la Fundación Filarmónica como institución artística?
La fundación es la que nos permite el relacionamiento, las alianzas y los convenios a escala local, nacional e internacional. Nos da el respaldo legal y la plataforma de gestión para que eso suceda.
Tenemos un directorio, Rubén Darío Ortiz es el presidente y estamos muy contentos por el trabajo que estas personas realizan. Nuestros ideales se resumen en tres conceptos: inspirar, deleitar y trascender.
Inspirar, porque queremos ofrecer un producto de alta calidad en Santa Cruz; deleitar con la música, cambiar vidas, y trascender, porque queremos ser la mejor orquesta de Bolivia y queremos alcanzar un puesto importante en América Latina y el mundo. Trabajamos para eso.
Hay mucho por hacer, por supuesto, tenemos enormes desafíos para que la ciudad entienda que esto no es solo un grupo de muchachos que están aventurándose en el mundo de la música. No, somos profesionales con muchos años de trabajo, queremos vivir de nuestro arte y sustentar a nuestras familias a través de esta actividad. Santa Cruz merece tener una orquesta que la represente.