¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Clasificados

¿Cómo ha afectado la pandemia nuestro comportamiento con respecto al medioambiente?

Sabado, 26 de marzo de 2022 a las 23:00

Por Redacción

La crisis sanitaria que se desencadenó tras la llegada del coronavirus ha sido uno de los efectos más graves. Sin embargo, las secuelas que la pandemia dejó también son medioambientales y de gran complejidad ¿Qué hemos aprendido de esta experiencia?

El cambio climático va más allá de cambios de temperatura que nos hacen la vida incómoda. Hay evidencia de que está relacionado con cambios en el ambiente y las especies que pueden provocar más enfermedades, sin importar dónde o cómo vivamos.

Existen muchos paralelismos entre la actual pandemia y el daño que sufre, en silencio, nuestro planeta. Los dos son males globales que ponen en jaque nuestra supervivencia y exigen una respuesta rápida, coordinada y contundente. Sin embargo, el coronavirus ha conseguido movilizar recursos a velocidades nunca vistas por su efecto más inmediato y visible en nuestra salud, en nuestras vidas y economías, y por su avance fugaz. El calentamiento global, en cambio, lleva acechándonos décadas, sumergiéndonos en una lucha lenta y constante, pero contrarreloj.

Uno de los asuntos que más se mencionaba cuando el Covid-19 se dispersaba por el planeta era que iba a cambiar nuestros hábitos y nuestro modo de vida. Las cuarentenas prolongadas generaron inusitados desplazamientos de especies animales que aparecían en zonas urbanas, asimismo, la contaminación sonora y la emanación de gases disminuyó considerablemente en las grandes ciudades durante los meses en los que el alto tráfico vehicular estuvo ausente de las calles y las grandes fábricas trabajaron a media máquina.

A la hora de analizar esta situación, dos años después, la realidad dista mucho del panorama que algunos pronosticaban. En ese sentido, surgen algunas interrogantes: ¿De qué manera ha afectado la pandemia nuestro comportamiento con respecto al medioambiente? ¿Nos ha vuelto más conscientes o, por el contrario, hemos ido para atrás?

Cambios

La guía del Jardín Botánico, Virna Ábrego, comenta que, durante los primeros meses de la pandemia, parecía que la gente había tomado conciencia de la importancia de no intervenir en el hábitat de las especies y de que la zoonosis (enfermedad que puede transmitirse entre animales y seres humanos) es más probable cuando la mano del hombre se posa sobre la vida silvestre.

“Ese cambio lo comprobamos incluso en el Jardín Botánico. Cuando se cerró al público, los animales se sentían con más libertad, fue como que se adueñaron del lugar y empezaron a replicar este comportamiento en otras áreas. Al volver a abrirse al público el parque, algunos animales no volvieron a aparecer por el lugar, pues tuvieron que esconderse”, explica Ábrego.

La experta considera que es muy importante trabajar en educación ambiental, si lo que se quiere es conservar la calidad de vida de la población. “De nada sirve que apreciemos el valor de nuestras especies animales y vegetales, si después botamos basura donde sea o contaminamos el ambiente, si seguimos por el mismo camino por el que íbamos antes de la pandemia. Lo principal en estos momentos es la información y la educación, porque la gente debe conocer el problema. No se puede conservar algo que no conocemos. Y en el tema medioambiental la conservación de las especies es fundamental. Si depredamos una especie animal, este daño repercute en su hábitat, en los bosques, que contienen las reservas de agua que se necesitan para poder mantener el ciclo vital. La gente debe entender que, si un eslabón se pierde, la cadena se rompe, es así de simple”, añade.

El operador turístico Nelson Pacheco cree que el panorama en un escenario pospandemia no es muy alentador para el medioambiente, pues la realidad nos muestra que se ha incrementado la cantidad de basura con alto contenido contaminante, especialmente los barbijos y la ropa del personal de salud. Asimismo, lamenta que no exista una política sobre el tratamiento que se le debe dar a la gran cantidad de deshechos quirúrgicos que, día a día, se vienen botando desde hace dos años y en gran cantidad.

Pacheco recuerda que la pandemia generó una mayor demanda de los servicios de entrega a domicilio, conocidos como delivery, sin embargo, dice, este crecimiento del servicio ha venido acompañado de un daño considerable al medioambiente.

“Ningún delivery usa envases ecológicos en Bolivia, eso es un desastre. La mayoría usa plastofor y sabemos que ese material no se recicla, no se deshace, lo peor de todo es que su uso ha aumentado considerablemente y parece que seguirá así”, opina.

Pacheco aprovecha para subrayar que la gran amenaza para la humanidad es la falta de agua y, en el caso de Santa Cruz, el punto de quiebre parece estar más cerca.

“Probablemente, el año 2035 vamos a empezar a sufrir graves problemas de abastamiento de agua a nivel domiciliario. La deforestación, la ampliación de la mancha urbana y otra serie de elementos van a llevarnos a una crisis de agua en la capital cruceña, crisis que ya se está viendo en las provincias. Estamos comprobando como la Chiquitania es parte de una espiral muy grande de actores que negocian con las tierras. Siempre le echamos la culpa a las autoridades, pero acá el culpable también es el ciudadano común, que no toma conciencia de este problema y piensa que vamos poder vivir de esta manera para siempre”, expresa Pacheco.

Residuos

Barbijos, guantes, trajes de protección, envases, test, jeringas, envoltorios. Todos estos materiales son los nuevos protagonistas de la gestión de residuos tras dos años de pandemia. Unos útiles muy reales que en la práctica suponen miles de toneladas de desechos sanitarios que pueden tener un impacto terrible en la salud y el medio ambiente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó a los ciudadanos el uso de barbijos desde el principio de la pandemia. Antes del Covid-19, Francia y Alemania eran los únicos países de la UE con una parte considerable de la producción y las exportaciones mundiales de barbijos (7 % y 2 % de las exportaciones mundiales en 2017, respectivamente).

La OMS insiste en la correcta gestión de esta basura pandémica porque es un peligro potencial para los trabajadores sanitarios, para las ciudades y, en definitiva, para la salud de todo el planeta.

Para hacernos una idea de las dimensiones que se manejan, existe el dato de que solo los envíos que partieron de Naciones Unidas para los países más necesitados en estos dos años suponen unas 87.000 toneladas de equipos de protección humanitaria. Casi en su totalidad se han transformado en desperdicios.

Esperanza

A pesar de estos datos negativos, es innegable que la pandemia aceleró la transición de cambio de hábitos para muchas personas de forma positiva. No son pocos los que han optado por tomar la experiencia como una lección para generar una conciencia colectiva que nos sirva para aclarar y borrar muchos males que hemos creado. De esta manera, en plena crisis se han visto diversos ejemplos de personas con iniciativas sustentables, como los huertos familiares, que se convierten en alternativas idóneas para sobrevivir sin dañar al medioambiente.

¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones: