Un post en sus redes sociales encendió los motores. Tenían un plan de vuelo, alentar las donaciones de plasma hiperinmune para contribuir a la recuperación de los pacientes graves de coronavirus. Aviator desplegó sus alas solidarias y la reacción sorprendió a todos. En apenas unas horas acumuló más de 4.000 compartidos y muchas empresas e instituciones replicaron la iniciativa.
Ignacio Saenz (22 años) despertó con una inquietud. Al igual que muchos bolivianos, se sentía desconcertado por los anuncios de personas que ofrecían plasma para vender. Mientras en las redes sociales se clamaba por esa donación que significaba la esperanza de vida para pacientes en estado de gravedad, alguien buscaba el rédito económico.
Pero más allá de la crítica, Ignacio asumió el papel de un donante y se percató que también ellos están conviviendo con las necesidades más urgentes. “Teníamos que protestar ante la oferta de venta (de plasma) al mismo tiempo que comprender las penurias que estas personas, y sus familias, podían estar pasando”, relata.
Conversó con su hermano Mateo (25 años), que administra el local, y con Rubén Sanjinés, el creativo, antes de presentársela a sus padres, Bernardo Saenz y Paula Otero, para madurar la idea. “En esta época de necesidades, ayudar es una obligación”, fue el argumento común en el seno de la familia. Y, de esta manera, la propuesta de ofrecer comida gratis a los donadores de plasma hiperinmune supone “una forma de reconocer su entrega y aliviar la presión de donar”.
La iniciativa ha sido elogiada en las redes e imitada por empresas e instituciones que han continuado con el incentivo a los donantes. El club Blooming anunció que liberará el pago del bono anual a todos los socios que realicen donaciones. Descuentos en empresas y negocios forman parte de una campaña masiva para alentar la donación.
La familia Saenz, propietaria del local de comida rápida Aviator, ha sentido la penuria de la población en primera persona. Bernardo se encarga cada mañana de recoger al personal de cocina y despacho de envíos, entre 6 y 8 personas por día. En su recorrido ha sentido el clamor de familias y barrios que, en un cuadro de impotencia, piden ‘alguito’ para comer. Era impensable desoír los pedidos.
Semanas atrás prepararon una entrega solidaria de 50 hamburguesas para distribuir a estas familias. “No hace falta irse muy lejos para sentir la necesidad que se vive. Aquí cerca ya se siente”. Mateo e Ignacio se ingeniaron un primer reto con sus clientes. “Por cada hamburguesa que nos comprasen, nosotros donábamos una”, explica el menor de los hermanos. Fueron más de 250 almuerzos que distribuyeron en la ciudad. “Pudimos ofrecer a los médicos que salían tras más de 30 horas de trabajo. Queríamos agradecerles y levantarles el ánimo”. Visitaron barrios gracias a “esos clientes que con su confianza en nosotros nos animaron a seguir ayudando”.
El respaldo y la generosidad de la gente animó a Ignacio para continuar con las campañas. Para la familia Saenz, estas acciones forman parte de una forma de sentir la vida. De forma discreta, sin mucha bulla, han realizado multitud de acciones solidarias que llevan adelante con la colaboración de sus clientes. Tras 8 años al frente de Aviator, el rugido del motor ha contagiado ‘su forma de hacer las cosas’.