En la historia boliviana, pocas piezas condensan tanto poder simbólico como la Medalla Presidencial. Nació como un gesto de gratitud: la joven República la obsequió a Simón Bolívar, su libertador. Más tarde la portó Andrés de Santa Cruz, quien la convirtió en emblema de autoridad. Pero fue el Congreso de 1839 el que selló su destino: desde entonces, esa joya sería la insignia del poder legítimo.
La medalla no ha sido un adorno cualquiera, sino un símbolo que ha atravesado exilios, derrocamientos y traiciones. El presidente Velasco, tras el derrocamiento de Santa Cruz, ordenó confiscarla a la fuerza. Soldados armados irrumpieron en la casa de Francisca Cernadas, la esposa del Mariscal de Zepita, y se la arrebataron. Santa Cruz la reclamó durante el resto de su vida, sin éxito.
Inscripción en el reverso de la medalla: “La República de Bolívar agradecida al héroe cuyo nombre lleva”
Fue también símbolo de resistencia y disputa. En 1857, el presidente Córdova se negó a entregarla a Linares, a quien consideraba ilegítimo. Recién fue devuelta cuando el general Achá tomó el poder. Hilarión Daza también intentó conservarla, pero cedió ante la presión de sus allegados.
Hoy la medalla permanece bajo la custodia del Banco Central. Colgada de una cadena de oro con un rosón de diamantes sudafricanos, sigue siendo más que un objeto: es la materialización de la continuidad republicana. Entre 2001 y 2002, la joya fue restaurada para ser tasada bajo parámetros actuales. Se trata de un relicario de la historia que recuerda que el poder no reside solo en quien gobierna, sino también en los símbolos que lo validan.
Durante casi dos siglos, la joya ha sido testigo silente de la fragilidad y la fuerza de la democracia boliviana. En cada transmisión de mando, su presencia reafirma que el poder no es eterno ni absoluto, sino un encargo que debe honrar la voluntad del pueblo.
Medalla presidencial, cara anversa Una joya con historia propia El despojo. La medalla fue arrebatada a la esposa de Santa Cruz por soldados armados, en 1839.
El emblema. El Congreso decidió que la joya fuera la insignia oficial del presidente desde 1839.
La custodia. Actualmente, la medalla se guarda bajo estricta custodia en el Banco Central de Bolivia.