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Todo lo que necesitas saber sobre el SIBO: la afección intestinal silenciosa que afecta a miles sin diagnóstico

Miércoles, 21 de enero de 2026 a las 09:11

Por Redacción

El SIBO, sigla en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado), es una condición gastrointestinal caracterizada por la presencia excesiva de bacterias donde normalmente deberían existir en cantidades mínimas

Durante años, Jaime Cruz, un ingeniero de 39 años, convivió con una sensación constante de inflamación abdominal, dolor, cansancio y episodios recurrentes de diarrea y estreñimiento alternados. Visitó médicos, siguió dietas, eliminó alimentos y recibió diagnósticos imprecisos que iban desde estrés hasta colon irritable. “Llegué a pensar que era algo con lo que iba a tener que vivir siempre”, recuerda. Recién hace unos meses, tras una evaluación especializada, supo que lo que padecía tenía nombre: SIBO.

El SIBO, sigla en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado), es una condición gastrointestinal caracterizada por la presencia excesiva de bacterias donde normalmente deberían existir en cantidades mínimas. Aunque fue descrita hace décadas, sigue siendo una afección poco conocida y subdiagnosticada, incluso entre pacientes que llevan años buscando respuestas a síntomas digestivos persistentes.

“El SIBO ocurre cuando las bacterias del colon migran o se multiplican de forma anormal en el intestino delgado, alterando la digestión y la absorción de nutrientes”, explica el doctor Gabriel Mendoza, patólogo y docente de la carrera de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz), quien advierte que esta condición suele confundirse con otras enfermedades gastrointestinales más comunes.

A diferencia del intestino grueso, donde la presencia de bacterias es fundamental para la salud, el intestino delgado está diseñado para absorber nutrientes y tiene una carga bacteriana mucho menor. Cuando este equilibrio se rompe, las bacterias fermentan los alimentos antes de tiempo, produciendo gases y sustancias que generan inflamación, malestar y múltiples síntomas.

Entre los síntomas más frecuentes del SIBO se encuentran la distensión abdominal excesiva, gases, dolor, diarrea, estreñimiento, náuseas, fatiga crónica y, en casos más avanzados, pérdida de peso y deficiencias nutricionales como anemia o falta de vitamina B12. “Muchos pacientes llegan con una larga historia de malestar digestivo y creen que es normal sentirse así”, señala Mendoza.

Una de las principales dificultades del SIBO es que se parece a otras afecciones, como el síndrome de intestino irritable, intolerancias alimentarias o gastritis. Sin embargo, a diferencia de estas, el SIBO tiene un origen bacteriano específico y un tratamiento dirigido.

“No es solo un problema funcional, hay una causa orgánica que debe identificarse”, aclara el especialista.

El diagnóstico se realiza generalmente mediante una prueba de aliento, que mide gases como hidrógeno y metano producidos por las bacterias tras la ingesta de un sustrato específico. Esta prueba permite identificar no solo la presencia del SIBO, sino también el tipo predominante, lo que resulta clave para definir el tratamiento adecuado.

En cuanto al tratamiento, este suele combinar antibióticos específicos para reducir la carga bacteriana, ajustes en la alimentación y, en muchos casos, la corrección de factores subyacentes como alteraciones en la motilidad intestinal, cirugías previas o el uso prolongado de ciertos medicamentos.

“Tratar solo los síntomas no es suficiente; hay que abordar la causa para evitar recaídas”, enfatiza Mendoza.

Para pacientes como Jaime, el diagnóstico significó un punto de inflexión. “No fue solo alivio físico, fue emocional. Saber qué tenía y que había un plan me devolvió tranquilidad”, cuenta. Hoy, con tratamiento y seguimiento médico, su calidad de vida ha mejorado de forma significativa.

El creciente reconocimiento del SIBO a nivel internacional está ligado a avances en la investigación médica y a una mayor formación especializada de los profesionales de la salud.

En ese contexto, el rol de las universidades resulta clave. En Unifranz, la formación médica se apoya en un modelo educativo innovador que promueve la actualización constante, el pensamiento crítico y el aprendizaje basado en evidencia científica.

Este enfoque impulsa a los futuros médicos a mantenerse al día con los últimos descubrimientos y hallazgos de la ciencia, incorporando nuevas patologías, métodos diagnósticos y tratamientos a su práctica clínica.

Gracias a este modelo, los médicos formados en Unifranz están preparados para reconocer condiciones emergentes o subdiagnosticadas como el SIBO, ofreciendo a los pacientes respuestas oportunas y tratamientos adecuados. En un escenario donde muchas personas aún viven años sin saber qué les ocurre, la educación médica continua se convierte en una herramienta fundamental para mejorar la calidad de vida.

El caso de Jaime Cruz es solo uno entre muchos. Su historia refleja que el SIBO existe, que puede diagnosticarse y tratarse, y que contar con profesionales capacitados y actualizados puede marcar la diferencia entre vivir con malestar permanente o recuperar el bienestar. Conocer esta condición es el primer paso para dejar de normalizar el dolor y empezar a entender lo que el cuerpo intenta decir.

 

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