El año 2026 marcará un punto de inflexión para la tecnología a nivel global. Tras una etapa de experimentación acelerada, la inteligencia artificial (IA), la computación en la nube y la automatización inteligente avanzan hacia una fase de madurez en la que dejarán de ser herramientas aisladas para convertirse en el núcleo de los sistemas productivos, empresariales y sociales. Especialistas coinciden en que el próximo año será clave para consolidar modelos más eficientes, soberanos y orientados al valor real.
“La inteligencia artificial ya no se limita a apoyar tareas puntuales; se está integrando de forma estructural en los procesos de desarrollo de software y en la toma de decisiones”, señala Sergio Valenzuela, magíster en Ingeniería de Software y docente de la carrera de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Una de las principales tendencias es, precisamente, la madurez de la inteligencia artificial y de la IA generativa. Luego de un periodo marcado por expectativas sobredimensionadas, las organizaciones comienzan a comprender que el verdadero valor de la IA no está en aplicaciones aisladas, sino en su implementación transversal. En este escenario, los sistemas inteligentes se integrarán desde la base de datos hasta las operaciones, redefiniendo la relación entre humanos y máquinas.
Valenzuela explica que este proceso permitirá “desarrollar sistemas más autónomos, capaces de tomar decisiones y mejorar la eficiencia operativa”, una característica que será central en 2026.
Otra tendencia clave es la transformación del desarrollo de software. La IA está cambiando la manera en que se conciben, escriben y mantienen los programas informáticos. En lugar de centrarse únicamente en el código, los desarrolladores pasarán a definir objetivos y resultados, mientras que los sistemas inteligentes generarán y optimizarán los componentes técnicos.
Para Marcelo Pacheco, director de la carrera de Ingeniería de Sistemas en Unifranz, esta transición ya es visible.
“La integración de IA generativa en herramientas de desarrollo está revolucionando la forma de escribir código y acelerando los tiempos de entrega”, sostiene, anticipando un cambio profundo en los perfiles profesionales del sector.
La computación en la nube, en su evolución hacia lo que los analistas denominan Cloud 3.0, será otro pilar de 2026. Esta nueva etapa combinará nubes públicas, privadas, híbridas y soberanas, junto con centros de datos locales, para sostener cargas de trabajo cada vez más intensivas en datos e IA.
Pacheco señala que este modelo permitirá a empresas y organizaciones “adaptar el consumo tecnológico a sus necesidades reales”, algo especialmente relevante para economías emergentes y para sectores productivos que requieren flexibilidad y escalabilidad.
Vinculada a esta tendencia aparece la automatización inteligente y automejorable. Gracias a la llamada IA agéntica, los sistemas ya no solo ejecutarán instrucciones, sino que podrán supervisar procesos completos, aprender de los resultados y proponer mejoras continuas. En palabras de Valenzuela, este avance permitirá pasar de sistemas reactivos a modelos proactivos, capaces de anticiparse a fallas, optimizar recursos y reducir ineficiencias, siempre bajo la supervisión humana.
Finalmente, 2026 estará marcado por el debate y la acción en torno a la soberanía tecnológica. En un contexto geopolítico incierto, gobiernos y empresas buscan reducir dependencias críticas sin aislarse del ecosistema global. Esto implica diversificar proveedores, proteger datos estratégicos y desarrollar capacidades locales. Desde la academia, Pacheco advierte que este desafío también representa una oportunidad: “Sectores como la educación, la salud, la agricultura o las pymes demandarán soluciones de software específicas, y eso abre espacio para el desarrollo tecnológico local”.
En conjunto, las tendencias tecnológicas para 2026 apuntan a un escenario donde la inteligencia artificial deja de ser promesa para convertirse en infraestructura esencial. La nube se vuelve más flexible y estratégica, el software se redefine y la automatización se orienta a procesos inteligentes y sostenibles. Como coinciden los especialistas, el verdadero desafío no será solo adoptar tecnología, sino hacerlo con criterio, formación y una visión de largo plazo que permita transformar la innovación en desarrollo real.