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Productividad tóxica: cuando el exceso de trabajo pone en riesgo el éxito empresarial

Lunes, 19 de enero de 2026 a las 10:16

Por Redacción

Cuando el afán por “hacer más” se convierte en una norma incuestionable, los entornos laborales terminan siendo menos sostenibles, menos humanos y, paradójicamente, menos productivos

En un mundo empresarial que valora la eficiencia y el cumplimiento de metas, la productividad se ha convertido en un ideal perseguido por empleados y líderes. Sin embargo, esta búsqueda constante de resultados puede transformarse en una trampa: la productividad tóxica, un fenómeno que no solo afecta la salud y el bienestar de los trabajadores, sino que también puede comprometer el éxito de las propias organizaciones. Cuando el afán por “hacer más” se convierte en una norma incuestionable, los entornos laborales terminan siendo menos sostenibles, menos humanos y, paradójicamente, menos productivos.

“Existen jefes que piensan que las personas más productivas son las que trabajan más horas, pero esto no es así. La productividad se mide en función del desarrollo de objetivos específicos, que sean estratégicos para la empresa. Estos objetivos deben transformarse en metas concretas, acompañadas de planes de acción para su cumplimiento”, explica Rodrigo Ávalos, docente de la carrera de Administración de Empresas de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

El académico añade que la productividad no puede seguir basándose en el tiempo invertido, sino en la consecución de resultados medibles y de impacto real.

A lo largo del tiempo, el concepto de productividad ha evolucionado desde una visión rígida —donde el empleado era valorado por las horas que permanecía en su puesto— hacia un enfoque más estratégico, centrado en la eficiencia, la organización y la definición clara de objetivos.

Sin embargo, Ávalos advierte que aún existen empresas que perpetúan la idea de que más horas equivalen a mayor rendimiento, una lógica que puede derivar en prácticas laborales insanas y en la pérdida de motivación entre los colaboradores.

De acuerdo con un artículo recientemente publicado por Harvard Business Review (HBR), la productividad tóxica se manifiesta como una compulsión por ser productivo en todo momento, incluso a costa del bienestar físico y mental. Se trata de un patrón de comportamiento que convierte el trabajo en una medida de valor personal y que glorifica el estar ocupado como sinónimo de éxito. En este contexto, el estrés, el agotamiento y la ansiedad pasan a percibirse como señales de compromiso, cuando en realidad son advertencias de un desequilibrio profundo.

Este tipo de cultura organizacional tiene consecuencias severas. El exceso de trabajo, la presión constante por rendir más y la falta de descanso generan lo que HBR denomina “pobreza de tiempo”: una sensación de insuficiencia permanente que erosiona la motivación y la eficiencia. Según los estudios citados, los equipos sometidos a este tipo de dinámicas no solo disminuyen su productividad real, sino que también ven afectada su creatividad, su capacidad de innovación y su bienestar integral.

Ávalos coincide en que el trabajo sin descanso ni propósito claro no genera valor. “Si al empleado se le da un trabajo desorganizado, apuntamos a todo lado y al final no hacemos nada. La productividad debe estar ligada a indicadores y a una planificación bien estructurada”, afirma.

El docente subraya que las empresas deben aplicar enfoques distintos según el tipo de labor: mientras los obreros requieren horarios definidos por la naturaleza mecánica de sus tareas, los administrativos y creativos necesitan flexibilidad para cumplir objetivos sin depender de un horario rígido.

Cómo evitar caer en la productividad tóxica

La clave para prevenir la productividad tóxica, según Ávalos, está en organizar el trabajo en torno a objetivos claros, medibles y alcanzables, evitando la sobrecarga de tareas y los horarios excesivos.

“Los tableros de control o dashboards ayudan a visualizar metas, tiempos y resultados. De esta forma, tanto el trabajador como la empresa pueden evaluar avances reales y corregir desvíos sin caer en la presión constante por ‘hacer más’”, explica el docente.

Expertos internacionales coinciden en que recuperar el valor del descanso es fundamental para mejorar la concentración, la energía y la motivación. Lejos de ser una pérdida de tiempo, las pausas y los periodos de desconexión son esenciales para mantener la salud mental y física. El artículo de HBR recomienda establecer límites claros entre la vida personal y laboral, priorizar el bienestar y reservar espacios para la familia, los amigos y el ocio sin culpa ni justificaciones.

Asimismo, resulta clave fomentar una cultura organizacional saludable, donde el desempeño se evalúe por resultados y no por el número de horas frente a una pantalla. Esto implica formar líderes empáticos, capaces de reconocer el esfuerzo, promover la comunicación abierta y equilibrar la exigencia con la flexibilidad. De lo contrario, las empresas corren el riesgo de desgastar a su talento humano, perder competitividad y minar su propio futuro.

La productividad no debería medirse por la cantidad de horas invertidas, sino por la calidad del trabajo y el bienestar de quienes lo realizan.

En palabras de Ávalos, “el éxito de una organización depende de cómo logra sus objetivos sin destruir el equilibrio de las personas que la componen”. El reto actual de las empresas no es producir más, sino producir mejor, construyendo entornos donde el rendimiento y la salud puedan coexistir.

 

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