La eliminación temporal del arancel para la importación de dispositivos electrónicos abre un nuevo escenario en el mercado boliviano con posibles ajustes de precios, mayor presión competitiva para comerciantes y efectos fiscales que el Estado deberá compensar. La medida, vigente durante 2026, busca reducir barreras tributarias que encarecen productos de uso cotidiano.
“El objetivo central del Gobierno al implementar un arancel cero es facilitar el acceso a tecnología esencial, tanto para uso personal como productivo, frente al incremento de los costos logísticos y de comercio exterior”, explica Alejandro Soruco, director de la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
En ese sentido, el decreto apunta directamente al bolsillo de los bolivianos que dependen de celulares, computadoras o tablets para estudiar y trabajar.
Soruco explica que los principales beneficiados serán estudiantes, docentes, profesionales independientes y pequeñas empresas, sectores que utilizan tecnología como herramienta básica de productividad.
“Reducir las barreras tributarias permite que estos equipos sean más accesibles para la población, impulsando la conectividad, la educación digital y la productividad”, sostiene el académico, quien remarca que el impacto puede sentirse especialmente en hogares de ingresos medios y bajos.
En la vida cotidiana, el efecto más visible debería reflejarse en precios más competitivos y mayor variedad de dispositivos en el mercado. Según Soruco, el consumidor final podría acceder a tecnología actualizada con menor presión sobre su presupuesto mensual, lo que también favorece el teletrabajo, el comercio electrónico y el acceso a servicios digitales como banca, educación y trámites en línea.
No obstante, el decreto también genera interrogantes sobre su impacto en la industria nacional y los pequeños comerciantes.
Al respecto, Soruco aclara que Bolivia no cuenta con una producción local significativa de dispositivos electrónicos a gran escala, por lo que la medida no afecta a un sector manufacturero consolidado.
“La eliminación de aranceles no amenaza una industria robusta, pero sí puede presionar a servicios de ensamblaje o reparación, que deberán mejorar eficiencia y valor agregado”, advierte.
Para los comerciantes minoristas, el escenario es mixto. Soruco señala que quienes importan de forma formal pueden beneficiarse con menores costos y mayor competitividad, aunque el efecto inmediato dependerá del stock adquirido bajo el esquema anterior.
“La reducción del arancel puede traducirse en mejores márgenes o precios más atractivos, pero el ajuste no será automático”, puntualiza.
En el plano fiscal, la eliminación del arancel implica una reducción directa de ingresos para el Estado. Sin embargo, Soruco considera que esta pérdida puede ser compensada.
“Al incentivar la importación formal y el consumo tecnológico, se amplía la base gravable del IVA y otros impuestos indirectos, lo que puede mitigar la caída de ingresos por aranceles”, explica. Además, menciona que el Gobierno podría aplicar ajustes presupuestarios para mantener el equilibrio fiscal.
Más allá de los números, el decreto tiene un componente social clave: la reducción de la brecha digital. Un mayor acceso a dispositivos electrónicos puede mejorar la calidad educativa, facilitar la inserción laboral y promover la inclusión digital, especialmente en zonas donde la tecnología sigue siendo un bien limitado.
En conclusión, el arancel 0 para dispositivos electrónicos representa una medida con efectos directos en el bolsillo de los bolivianos y en su vida diaria. Como resume Alejandro Soruco, su éxito dependerá de que el menor costo llegue efectivamente al consumidor y de que se acompañe con políticas que fortalezcan la formalización, la equidad digital y la sostenibilidad fiscal.