Dos instituciones dedicadas a destacar el entendimiento con los pueblos indígenas de América premiaron al Cidac. El Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa recibirá el premio Bartolomé de las Casas entregado por el Estado de Cooperación Internacional y la Casa de América de España.
La distinción, que lleva el nombre de uno de los teólogos más trascendentes del siglo XVI que defendió a los indígenas, destaca el invaluable proyecto Artecampo. La Asociación de Artesanas del Campo fue fundada en 1987 por Ada Sotomayor de Vaca. La impulsora llegó a las comunidades y descubrió los tesoros que atesoraban las ancianas, recuperó el saber de sus pueblos. De esa manera fue rescatando diseños, técnicas y materiales, al tiempo que los grupos de mujeres empezaban a organizarse.
Paula Saldaña es actualmente la directora ejecutiva del Cidac y en esta entrevista con EL DEBER cuenta qué significa la distinción y cuáles son los retos de la institución, que pone en valor el patrimonio tangible de los pueblos de las tierras bajas de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija. ¿Qué significa recibir el Premio Bartolomé de las Casas? Representa un importante reconocimiento a los logros conquistados a lo largo de cuatro décadas. Supone, también, un incentivo para continuar tejiendo puentes de intercambio entre el campo y la ciudad, desde los cuales las artesanas indígenas organizadas interactúen con la sociedad nacional en condiciones de justicia y respeto, asegurando su posición de creadoras y transmisoras de culturas y superando siglos de marginamiento y exclusión. Seguiremos promoviendo la integración de las poblaciones indígenas al movimiento económico regional, de forma que puedan generar economía, desde sus propios valores y territorios y resguardando su patrimonio cultural y natural. ¿En qué situación reciben la distinción? Hoy en día tenemos la limitante de la falta de recursos para desarrollar el inmenso potencial de trabajo tanto en el ámbito de la investigación como en el desarrollo de la producción artesanal y lo que esta permite en términos de desarrollo social para las mujeres y familias que conforman Artecampo. El Museo Artecampo es un espacio que cuenta con las mejores piezas producidas. Esperamos que, con este reconocimiento y visibilización, surjan nuevas posibilidades de financiamiento y de apoyo, porque todavía hay muchísimo por hacer. ¿Cuál fue el desafío como institución? En un inicio, el principal desafío fue el de organizar a tantas mujeres en un territorio tan extenso. Fue realmente un trabajo faraónico. Hoy vemos los frutos de ese gran esfuerzo que fue llevado con enorme entusiasmo por las artesanas y el Cidac. Ada Sotomayor fue una verdadera pionera al aventurarse en un campo sin caminos aptos, a veces a lomo de burro, con largas horas de trayecto, y fue también una gran conciliadora entre distintas culturas. Se ganó la confianza de las abuelas y lideresas para así poder trabajar juntas por un futuro mejor. Otro desafío es afianzar colaboraciones con organizaciones afines y entidades gubernamentales para generar nuevos proyectos de cohesión social y empoderamiento de las mujeres y niñas indígenas y campesinas. También, seguir adelante con el proceso de investigación etnográfica, explorando mundos de significado del arte originario e incentivando los estudios sobre la región, así como organizar y promover exposiciones itinerantes del Museo Artecampo. ¿Qué desafíos tienen? Un reto que me preocupa particularmente, más allá de lo económico, son los efectos del cambio climático en las comunidades en donde viven las artesanas de Artecampo. Cada día existe mayor dificultad para la recolección y preservación de la materia prima natural (se refiere al barro y cortezas vegetales, por ejemplo), fundamental para la subsistencia de la labor productiva de las artesanas y sus familias. Esperamos conseguir alianzas y apoyos interinstitucionales para promover programas de preservación y recuperación del territorio natural y, por ende, asegurar la materia prima necesaria para la producción del arte originario de tierras bajas. Cidac inició un trabajo coordinado y sistemático entre el campo y la ciudad destinado a mejorar la vida de las artesanas indígenas y campesinas ¿Cómo se logra dar continuidad a este proyecto? Se logra con un férreo compromiso de las maestras artesanas líderes formadas por Cidac y la entrega de colaboradores y colegas. La directiva está conformada por las maestras artesanas que forman a las nuevas generaciones, no solo en técnicas sino también en gestión y control de calidad. Estas mujeres son reconocidas por la calidad de su trabajo a nivel nacional e internacional y sus obras se expusieron en museos de renombre como el Smithsonian en WashingtonDC, Estados Unidos. Un reto que me preocupa son los efectos del cambio climático en las comunidades en donde viven las artesanas” Lea también
La directora ejecutiva, Paula Saldaña, será la encargada de recibir la distinción, que se entrega en España