Después de 8 años, los Estados de la Unión Europea, América Latina y el Caribe volvieron a reunirse en uno de los mayores encuentros políticos birregionales, entre los otrora colonizadores y los actuales Estados emergentes del nuevo mundo, cónclave donde aún afloran los viejos resabios y heridas de hace más de 500 años iniciados con el descubrimiento, hasta hace poco más de 200 años que iniciara la vida independiente de la mayoría de nuestros pueblos.
Es importante destacar la participación boliviana en esta Cumbre, en la persona de su primer mandatario, lo que marca presencia del país en foros internacionales multilaterales de impacto en lo político, social, económico y medio ambiental. También es de destacar que el discurso del Presidente es congruente con la política socialista aplicada en Bolivia desde hace 18 años, con una breve interrupción de 11 meses. El mensaje boliviano reitera una crítica ácida al modelo capitalista que no favorece al desarrollo de los pueblos sino del propio capital, y que menos promueve la cultura de la paz universal. Plantea un nuevo sistema multilateral basado en la cooperación y no en una relación de patrones y subordinados, respetando la soberanía de los pueblos en su autodeterminación. El mundo multipolar de hoy plantea un nuevo equilibrio de poderes con otras formas de cooperación, haciendo una clara alusión a las alianzas entre China, Rusia, Turquía y otros países emergentes. Se hizo un reclamo directo por las sanciones y bloqueos económicos y comerciales a países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, o los países de medio oriente que se acusa de proteger o financiar al terrorismo, como Irán, Libia, Palestina y otros. Finalmente acusamos a los países desarrollados de la crisis climática y el calentamiento global solicitando mayor compromiso en el apoyo a las naciones para afrontar sus efectos.
Como suele suceder en estos foros, lo que se dice es tan importante como lo que No se dice. Se extrañó una referencia a la crisis global provocada por la invasión de Rusia a Ucrania, o la ausencia de respeto a los derechos humanos en Nicaragua, Cuba y Venezuela o la crisis humanitaria en Haití. Estuvo ausente del discurso el problema del endeudamiento creciente de los países de América Latina y el Caribe que amenaza con la estabilidad macroeconómica de la región y finalmente no se habló de la urgente necesidad de inversión extranjera directa en nuestros países en varios sectores estratégicos como el de la generación de energías limpias concordantes con varios de los objetivos de desarrollo sostenible de NNUU al 2030.
En este contexto y vista la Declaración de la Cumbre, además de lo expresado por Bolivia, es destacable que el manifiesto de los países exprese gran preocupación por la “guerra contra Ucrania” y el irrespeto a la soberanía e integridad de los pueblos, dando su total apoyo a la continuidad del acuerdo para el tránsito de cereales por el Mar Negro, iniciativa promovida por Turquía y NNUU, con lo cual se debería mitigar los graves efectos de la inflación mundial de alimentos.
También señala la Declaración que un aspecto esencial en la relación con Europa es el compromiso de los países desarrollados para lograr consensos en el seno de los organismos financieros internacionales en la consecución de la estabilidad económica, la sostenibilidad de la deuda externa y la construcción de una sociedad más equitativa prospera y justa. La lucha contra la pobreza no puede estar contrapuesta a la preservación del planeta, por lo que el financiamiento debe incluir importantes incentivos y estímulos. En este marco, la Unión Europea ratificó su compromiso de aporte a un fondo de 100 mil millones de dólares al año, para financiar la lucha contra el cambio climático en apoyo a los países en desarrollo, y de duplicar la financiación para el cambio climático al 2025.
La cooperación en la transformación digital a los países emergentes y en vías de desarrollo en aspectos como la educación, inclusión financiera, la ciberseguridad en la protección de datos y la lucha contra el fraude cibernético, así como contra la corrupción, son áreas esenciales en las que podemos recibir transferencia tecnológica en calidad de inversión o financiación. En éstas áreas que cualificarían el desarrollo de nuestros países en América Latina, las agencias y organismos de Naciones Unidas tienen una vasta oferta de programas financiados por los países de la Unión Europea.
De igual manera destaca la ausencia de planteamiento en el área de inversiones tanto públicas como privadas, la protección recíproca de estas inversiones y el establecimiento de políticas y programas de atracción de inversión extranjera directa. Es importante la implementación de proyectos de envergadura en las áreas de infraestructura logística, navegabilidad fluvial, aeroportuaria, así como en el desarrollo e integración de cadenas globales de valor en sectores de alta demanda de mano de obra calificada.
En el ámbito comercial un tema tangencial que debió ser incluido con mayor profundidad fue el acuerdo Mercosur - Unión Europea, donde Bolivia aguarda su inclusión como miembro pleno y por ende integrarse a un acuerdo que no se pudo concretar a través de la Comunidad Andina. Este sería un Tratado que más allá de las divergencias nos daría la posibilidad de ampliar nuevos mercados diversificando la oferta exportable y sobre todo recibir nuevas inversiones en sectores con mayor potencial de desarrollo exportador.