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La refinanciación al Tesoro y la independencia del Banco Central de Bolivia

Martes, 10 de febrero de 2026 a las 11:36

Por Redacción

La independencia del BCB no se defiende solo con comunicados. Se defiende con disciplina fiscal, con reglas claras y con un Estado que no delega en la política monetaria

Por Carlos Aranda

En los últimos días se ha instalado un debate público en torno a una resolución del Banco Central de Bolivia (BCB) que aprobó una operación por Bs 31.839 millones a favor del Tesoro General de la Nación. Algunos titulares hablaron de un nuevo crédito del BCB al Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, otros cuestionaron directamente la independencia del ente emisor. Posteriormente, el propio banco aclaró que no se trata de un nuevo financiamiento, sino de una refinanciación de obligaciones ya existentes, originadas en los créditos extraordinarios desembolsados durante 2025.

La aclaración es correcta. Pero quedarse únicamente en esa distinción formal —crédito nuevo versus refinanciación— empobrece el análisis. Lo relevante no es solo cómo se denomina la operación, sino por qué fue necesaria, qué revela sobre el estado de las finanzas públicas y qué implicaciones tiene para el balance del Banco Central, su independencia y la estabilidad de la moneda.

¿Qué es y qué no es la operación aprobada?

Conviene empezar por lo básico. La resolución del Directorio del BCB no autoriza recursos adicionales para gasto público ni incrementa el nivel total de endeudamiento del Estado. Lo que hace es readecuar los plazos de pago de obligaciones que el Tesoro ya había contraído con el Banco Central durante 2025, transformando deuda de corto plazo en deuda de largo plazo, con un plazo total de 35 años y un período de gracia de cinco años a capital.

Desde el punto de vista contable del sector público, esto no cambia el stock de deuda. Desde el punto de vista de caja del Tesoro, sí cambia algo fundamental: alivia las presiones de liquidez de corto plazo. Sin esta refinanciación, el Estado habría enfrentado vencimientos concentrados que simplemente no estaba en condiciones de honrar.

Por tanto, afirmar que el Banco Central “está financiando nuevo gasto” no es correcto. Pero también sería equivocado concluir que la operación es neutra o irrelevante desde una perspectiva macroeconómica

El origen

Para entender por qué esta refinanciación fue necesaria hay que mirar el desempeño fiscal de 2025. El Programa Fiscal Financiero (PFF) muestra con claridad que el sector público enfrentó uno de los desequilibrios más profundos de los últimos años.

 

Según la segunda revisión del PFF, el déficit fiscal del Sector Público No Financiero cerró el año en torno a Bs 50.036 millones, muy por encima de la meta inicial de Bs 37.492 millones. El déficit primario —es decir, antes del pago de intereses— alcanzó aproximadamente Bs 38.241 millones. El déficit del Tesoro General de la Nación se situó en torno a Bs 45.054 millones.

Estas cifras no son menores. Reflejan un Estado que gasta sistemáticamente más de lo que recauda y que, además, tuvo dificultades para acceder a financiamiento externo. La razón no fue técnica, sino política: la falta de aprobación de créditos internacionales en la Asamblea Legislativa, en un contexto de fragmentación y bloqueo institucional.

Ante ese escenario, el financiamiento del déficit se desplazó casi por completo hacia el frente interno. El propio PFF muestra que el financiamiento interno neto del SPNF pasó de una meta inicial de Bs14.156 millones a una ejecución revisada de Bs45.725 millones. Dentro de ese financiamiento interno, el rol del Banco Central fue central.

Cierre fiscal

Los datos del Programa Fiscal Financiero son explícitos. En 2025, los desembolsos brutos del BCB al Tesoro se incrementaron de forma marcada en la segunda mitad del año. Hasta octubre ya se habían desembolsado Bs19.600 millones, y la proyección para el cierre anual superó los Bs39.000 millones, incluyendo créditos extraordinarios y otros mecanismos aprobados por ley.

Estos desembolsos no fueron un accidente ni una improvisación. Estaban incorporados en el esquema financiero del programa fiscal. El Banco Central actuó como proveedor de liquidez de última instancia para el Estado, permitiendo que el Tesoro cumpla obligaciones corrientes en un contexto de restricción financiera severa.

El problema no es que el Banco Central haya actuado; el problema es que no había otra fuente disponible. Cuando el financiamiento externo se bloquea y el mercado interno no es suficiente, la presión recae inevitablemente sobre el BCB.

Dominancia fiscal

Este fenómeno tiene un nombre en economía: dominancia fiscal. Ocurre cuando la política monetaria deja de ser independiente porque debe adaptarse a las necesidades de financiamiento del Estado.

En un régimen de dominancia fiscal, el Banco Central no decide libremente cuánto dinero emitir o retirar. Lo hace en función de si el fisco puede o no cumplir sus compromisos. La estabilidad monetaria pasa a depender de la sostenibilidad fiscal.

La refinanciación aprobada es una señal clara de que la dominancia fiscal no ha desaparecido. No se está tomando nueva deuda hoy, pero se está administrando un problema heredado que sigue condicionando las decisiones del Banco Central.

La independencia del Banco Central no se agota en lo que dice la ley ni en lo que afirma un comunicado. Es una independencia operativa y material. Depende de si la institución puede cumplir su mandato sin verse obligada a resolver problemas que no le corresponden.

El comunicado del BCB señala que su perfil no es el de prestamista del sector público y que su objetivo es preservar el poder adquisitivo de la moneda. Esa afirmación es correcta. Pero la realidad es que, mientras el déficit fiscal persista en estos niveles, el Banco Central seguirá siendo parte del esquema de financiamiento, directa o indirectamente.

EN CIFRAS

38.241 millones de bolivianos. Es el déficit primario, antes del pago de intereses, mientras que el del TGN, llegó a los Bs 45.054 millones.

50.036 millones de bolivianos. Es el déficit fiscal del Sector Público no Financiero, muy por encima de la meta inicial que era de Bs 37.492 millones.

OTROS DATOS

El escenario. El verdadero debate no es si esta operación vulnera formalmente la independencia del Banco Central. El debate es por qué el país sigue necesitando este tipo de operaciones.

Situación. Mientras el déficit fiscal estructural no se corrija y según el gobierno, tardará en corregirse, el Banco Central seguirá operando en un entorno de restricciones fiscales.

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