En la esquina de su casa, donde durante décadas se respiró el aroma tibio del pan recién hecho, la señora Juanita amasó algo más que cuñapés y tortillas: amasó la vida de sus hijos. Con sus manos curtidas por la harina y las madrugadas, levantó sola a su familia mientras vendía masitas típicas a quienes, casi sin darse cuenta, se volvían clientes fieles de su amabilidad. Su sueño siempre fue tener una cafetería, pero la vida no le dio el tiempo.
Años después, ese sueño encontró un eco en el corazón de su hija Patricia Padilla Barba. “Era un sueño que tuve con mi mamá. Siempre soñamos juntas con tener una cafetería”, recuerda. Y cuando por fin llegó la oportunidad, ella y su esposo no dudaron. Levantaron Donde Juanita Café como un homenaje vivo, no solo a la mujer que les enseñó el valor del trabajo, sino al sabor que guardaban sus manos. Una promesa cumplida, aunque la protagonista ya no estuviera allí para verla.
Patricia, su esposo y sus hijos son médicos, pero cada espacio libre de sus días lo dedican a este rincón, donde el cariño se sirve caliente. El esposo de Patricia, además, se convirtió en el creativo detrás de la ambientación: un universo de salas temáticas que hacen de la cafetería un paseo, no solo un lugar para comer.
Porque Donde Juanita Café no es una cafetería más: es un recorrido por recuerdos, emociones y escenarios que mezclan nostalgia, humor, romanticismo y hasta un toque de locura. Está, por ejemplo, el Salón de Té, elegante y delicado, creado en honor a la suegra de Patricia. También la Sala de los 80, una explosión de pósters, luces y música, que revive las series y películas de una época irrepetible.
Para quienes buscan un respiro a dos, está la Sala Romántica, tenue y cálida. Para estudiar o trabajar, la Sala Co-working, con pizarra y televisión incluidas. Están la Sala Colorinchi, ideal para tareas escolares, y la entrañable Sala 2D, donde las paredes narran escenas de la vida familiar y de sus mascotas, como si fueran viñetas de un cómic.
Y si la idea es reunirse o dar una charla, está la Sala de Conferencias, equipada con proyector. En el patio, una pequeña plazuela con un mojón y animalitos que recuerdan la infancia cruceña, mientras que en la terraza el atardecer se vuelve parte del menú.
Pero quizá las más inesperadas son la Sala de la Cárcel, donde el mesero sirve vestido de policía —bandejas de aluminio incluidas—, y la Sala de Hospital, con camilla, radiografías y sillas de rueda convertidas en asientos, un guiño divertido a su profesión.
Todas las salas cuentan con aire acondicionado y un menú que mantiene la esencia de la señora Juanita: cuñapés, molletes, empanadas de arroz o de pollo, tortillas y masitas típicas que han acompañado a generaciones. Patricia decidió innovar: cuñapé relleno de guayaba, cuñapé con manjar blanco, tortimolletes y otras propuestas que han encontrado su propio público.
Cuando inauguraron, cinco personas formaban el equipo. Invitaron a amigos y familiares, ofrecieron las masitas que preparaban con amor y dejaron que la magia hiciera lo suyo. Desde entonces, la voz corrió sola. Hoy después de cuatro meses ya son ocho trabajadores, y la cafetería crece sin que Patricia se atreva a definir un plan de expansión. “Todo depende de cómo nos vaya”, dice con humildad.
No ha sido fácil. Hubo momentos duros, especialmente cuando los precios de los insumos se disparaban “hasta tres veces más de la semana anterior”. Aun así, nunca pensaron en rendirse.
Porque Donde Juanita Café no es solo un negocio: es gratitud, es memoria, es legado.
Y si Patricia pudiera darle un consejo a otros emprendedores, diría lo mismo que aprendió de su madre:
“Que se animen. Pero que todo lo que hagan, lo hagan con fe y determinación en que se pueden superar.”