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El Patio de Doña Reina: tradición, sabor y lucha que conquista a los cruceños

Martes, 09 de septiembre de 2025 a las 09:02

Desde un churrasco de fin de semana hasta un restaurante que sirve más de 20 platos típicos cada día, Maribel Núñez Mojica convirtió su pasión por la cocina en un legado familiar que mantiene viva la identidad gastronómica cruceña

Por Daniela Revollo

 

En Camiri, donde el calor se mezcla con el aroma de la comida recién hecha, inicia la historia de Maribel Núñez Mojica, una mujer de carácter fuerte, acostumbrada a dar órdenes y marcar el rumbo de su gente en la cocina. De mediana edad y con la determinación grabada en el rostro, sacó adelante a sus tres hijos: Yessica, Cristian y René, con lo que mejor sabe hacer: cocinar.

Lo que empezó como un pequeño intento de vender churrasco los fines de semana, se transformó, con el tiempo y la constancia, en El Patio de Doña Reina, un restaurante que mantiene viva la tradición de la gastronomía cruceña. Hoy está ubicado en Santa Cruz, en la urbanización España y es mucho más que un negocio: es el reflejo de una vida entera de lucha, sabor y amor por lo propio.

Al principio, Maribel no estaba sola: su familia la acompañó en los fogones, lavando, sirviendo y aprendiendo a su lado. Poco a poco llegaron los ayudantes, y hoy, después de ocho años de esfuerzo silencioso en la ciudad de los anillos, dirige un equipo de seis trabajadores, todos capacitados, que siguen sus instrucciones con respeto y replican con orgullo su sazón y sus recetas secretas. 

De lunes a viernes en su carta no faltan las sopas que reconfortan —tres cada mañana— ni los 22 diferentes segundos que llenan las mesas al mediodía y las noches de lunes a domingo. De viernes a domingo el jugoso churrasco con bufet de ensaladas. Por las noches, el restaurante se convierte en un espacio donde los platos típicos cruceños invitan a los comensales a reencontrarse con los sabores de siempre, acompañados de música típica que refuerza el ambiente cálido, festivo y profundamente identitario del lugar.

Desde el caliente locro de gallina que humea en las ollas, pasando por el majadito batido con charque y el majadito tostado de pollo que conquistan con su aroma, hasta el keperí y el rapi, que llegan con su sazón inconfundible. Todo acompañado por la frescura de la chicha camba y el dulzor nostálgico del mocochinchi, sabores que pintan la identidad de una mesa cruceña.

 

Más que un emprendimiento

No es solo un emprendimiento: es un homenaje a la memoria culinaria de esta tierra. Y también un legado que trasciende generaciones. Su hijo menor, René, inspirado por ella, estudia gastronomía con la intención de algún día tomar las riendas del negocio y darle continuidad al sueño que su madre comenzó a fuego lento. Maribel, mientras tanto, ya piensa en grande: sueña con abrir más sucursales en Santa Cruz y llevar sus recetas a nuevos paladares que aún no han probado ese toque único que la caracteriza.

Pero el camino no ha sido fácil. Empezar de cero, sin capital ni experiencia empresarial, y sobrevivir a la pandemia, fueron los retos más duros que enfrentó. Sin embargo, su convicción y su amor por lo que hace la sostuvieron. “Emprender no es fácil, pero vale la pena. Me enseñó que los sueños se construyen paso a paso, con mucho esfuerzo y fe en uno mismo”, afirma con seguridad. En la pandemia implementaron el envío a domicilio y también la entrega de comida para llevar, todo con medidas de bioseguridad para poder mantener en pie su negocio.

Actualmente al día vende entre 50 y 70 platos y los fines de semana, hasta 150 platos por jornada, esto se debe a la sazón y la atención que brinda Maribel y su personal. 

A quienes sueñan con levantar su propio negocio, les deja un consejo nacido de la experiencia: no esperar el momento perfecto, porque ese momento, dice, nunca llega por sí solo. “El momento perfecto lo creas tú, con tu decisión y constancia”, asegura.

Así, entre ollas, cucharones, el bullicio de un comedor lleno y las notas de un taquirari que suena al fondo, Maribel no solo cocina comida típica; cocina también esperanza, identidad y futuro. Y demuestra que, cuando se trabaja con pasión, los sueños siempre terminan sirviéndose a la mesa.

 

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