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Jonathan: El chef que convirtió la adversidad en sabor y esperanza

Martes, 04 de noviembre de 2025 a las 16:31
Jonathan espera ampliar los puntos de venta /Foto: Samuel Cortez

Desde una pequeña cocina en el mercado Abasto, creó “Inti Mayu, Mi Barrio Cevichero”, un espacio donde el sabor del Perú se mezcla con esfuerzo y esperanza

POR DANIELA REVOLLO

En las calles de Santa Cruz se esconde un rincón donde el Perú cobra vida en cada plato. El aroma del ají, el limón y el pescado fresco se mezcla con risas, música criolla y una energía que contagia. Allí, entre ollas humeantes y el sonido constante de la cocina, se encuentra Jonathan Acosta Meléndez, chef y propietario del restaurante “Inti Mayu, Mi Barrio Cevichero”.

Jonathan es amable, de voz pausada y sonrisa tímida. Hablar frente a una cámara no es lo suyo; sin embargo, cuando cruza la puerta de la cocina, algo cambia. Su tono se vuelve firme, su mirada determinada. Y es allí, entre cuchillos y sartenes, donde realmente se transforma: se mueve con agilidad, rapidez y una elegancia casi coreográfica, como si cada corte, cada mezcla y cada plato fueran parte de una danza perfectamente ensayada. Su liderazgo fluye de manera natural, guiando a su equipo con una voz de mando que inspira respeto y confianza.

Su historia comenzó hace tres años, en uno de los momentos más difíciles de su vida. Llegó a Bolivia con trabajo seguro, pero la pandemia lo dejó sin su fuente laboral. Sin ingresos y con la incertidumbre a cuestas, Jonathan buscó una salida. Empezó vendiendo emolientes, esos mates medicinales del Perú que buscan aliviar el cuerpo, en el mercado antiguo Abasto.

 

Fue en ese mismo lugar donde el destino le tendió una mano. Entre puesto y puesto, decidió cocinar para sus amigos del mercado.

“No me creían que era chef profesional”, recuerda entre risas. Ese desafío lo impulsó a volver a su verdadera pasión: la cocina peruana. Así nació Inti Mayu, un emprendimiento pequeño, pero con una gran dosis de fe y sabor.

Jonathan cuenta que su amor por la cocina viene de su madre. Desde niño la observaba preparar grandes banquetes para familiares y vecinos. “Ahí encontré mi lugar, mi inspiración”, dice. A los 20 años, casi por insistencia materna, ingresó a estudiar gastronomía, y a los dos meses ya trabajaba en un restaurante, llegó a trabajar en las mejores cocinas del Perú.

 

El despegue

El arranque de Inti Mayu no fue fácil. No hubo grandes inversiones ni lujos. Solo una cocina de tres hornillas, tres ollas, dos sartenes, dos mesas, un puñado de platos y la voluntad inquebrantable de salir adelante. “El capital no era mucho, pero las ganas nos sobraban”, confiesa. Junto a su hermano Johan, armaron la cocina con lo poco que tenían. Y aunque los recursos eran escasos, la pasión era abundante.

Jonathan recuerda con cariño aquellos primeros días, cuando él cocinaba sin descanso y su hermano, con una libreta en mano, recorría el mercado anotando los pedidos del mediodía antes de salir a repartirlos.

Su primera venta fue de ocho platos de arroz chaufa, vendidos entre los puestos del mercado. Recaudó Bs 160, pero para Jonathan ese monto significó mucho más que dinero. Era la prueba de que su sueño podía hacerse realidad. Hoy, su restaurante atiende a entre 60 y 80 personas diarias, cuenta con un equipo de siete trabajadores, una cocina bien equipada y el reconocimiento de una clientela que no solo busca buena comida, sino también el calor de hogar que allí se respira.

El ambiente en “Inti Mayu” es una fiesta. Mientras los cuchillos suenan y los platos se sirven, la música peruana acompaña cada movimiento. El equipo canta, bromea, baila y se nota que trabajan felices. Esa energía es el reflejo de su líder, quien siempre procura mantener viva la pasión que los unió.

En su carta se encuentran los sabores más representativos del Perú: el ceviche clásico, el arroz chaufa, la chicha morada. Cada plato es una historia, un pedazo de su tierra que Jonathan comparte con orgullo.

Su mensaje es esperanza: “A toda persona que tiene un sueño, no desista. Las dificultades siempre aparecen, pero se pueden superar. Cree en ti mismo, persevera y sé agradecido con lo que tienes. Si lo haces con amor, todo se logra.”

Hoy, Jonathan mira hacia el futuro con la misma humildad del primer día, soñando con que “Inti Mayu, Mi Barrio Cevichero” se convierta en uno de los mejores restaurantes de Santa Cruz. A veces, cuando el restaurante se llena y el bullicio invade la cocina, sonríe en silencio al recordar aquellos días en que todo comenzó: una cocina pequeña, una libreta y el sueño de un joven chef que se negaba a rendirse.

 

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