Por: Asier Ventura
La historia de Henry Cejudo es la de un atleta que supo reinventarse y dominar dos mundos: la lucha olímpica y las artes marciales mixtas. Su carrera, marcada por disciplina, ambición y talento extraordinario, lo llevó a alcanzar la gloria máxima y a retirarse en la cima, dejando un legado imborrable.
Desde muy joven, Cejudo demostró su potencial en la lucha libre, alcanzando la fama internacional con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, convirtiéndose en el campeón olímpico más joven de Estados Unidos en su categoría. Esa victoria no solo lo consolidó como atleta de élite, sino que le abrió las puertas a una carrera que lo llevaría al octágono.
En UFC, Cejudo rápidamente escaló a la élite del peso mosca, donde derrotó a rivales de primer nivel y, en 2018, venció a Demetrious Johnson, poniendo fin a la racha más larga de defensas de título en la historia de la división. Su ambición no tenía límites: subió al peso gallo y conquistó también ese cinturón, convirtiéndose en uno de los pocos peleadores en la historia en dominar dos divisiones simultáneamente.
A pesar de sus triunfos y un legado consolidado, en 2020 sorprendió al mundo con su retiro de las MMA, dejando vacante su título de peso gallo. La decisión reflejó la coherencia de un campeón que eligió marcharse en sus propios términos, preservando la grandeza de su carrera sin necesidad de esperar derrotas.
Henry Cejudo deja un legado que trasciende los títulos: disciplina, técnica, mentalidad ganadora y un ejemplo de determinación para futuras generaciones. Su adiós no es solo el fin de una carrera; es la confirmación de que un verdadero campeón puede escribir su historia hasta el último instante.