El Dakar 2026 volvió a mostrar su cara más dura este miércoles, cuando el piloto español Jesús Calleja y su copiloto, Eduardo Blanco, protagonizaron un accidente de gran magnitud en la etapa 5. La especial, parte de la etapa maratón, obliga a los equipos a resolver cualquier contratiempo sin asistencia externa, y en este caso el desafío se tornó aún más peligroso.
El vuelco ocurrió después de superar el kilómetro 271. Por su posición retrasada en la salida, el binomio circulaba detrás de vehículos más lentos y se encontró inmerso en una densa nube de polvo que reducía la visibilidad a casi cero. Calleja decidió aumentar la velocidad para remontar posiciones, pero al pasar sobre un pequeño bache, el vehículo se levantó del suelo y terminó dando varias vueltas de campana.
Afortunadamente, tanto Calleja como Blanco lograron salir por sus propios medios y sin heridas de consideración. El susto evidencia, una vez más, los riesgos que enfrentan los pilotos en una carrera donde cualquier error puede ser decisivo.
El accidente también pone en relieve las quejas previas de Calleja hacia la Federación Internacional del Automóvil (FIA). Apenas unos días antes, el piloto había expresado su descontento por haber sido retrasado en el orden de salida de la etapa 2, pese a sus buenos resultados, situación que lo obligó a competir detrás de coches más lentos y en condiciones de escasa visibilidad. “¿Si ocurre un accidente será culpa de la FIA o mía?”, cuestionó Calleja.
Otros pilotos, como Isidre Esteve, también habían alertado sobre la dificultad de competir bajo estas circunstancias. La acumulación de polvo y la imposibilidad de ver el terreno obligan a los pilotos a tomar decisiones prácticamente a ciegas, aumentando el riesgo de incidentes graves.