Aunque es una enfermedad cutánea (de la piel), el vitíligo incide más en el aspecto psicológico, porque los pacientes padecen el estigma, la mirada curiosa o extraña de la gente. Lo que afecta, especialmente, el autoestima de la persona. La situación se torna peor cuando llega la época veraniega, cuando la ropa ya no puede tapar los signos del diagnóstico.
Según la Asociación de Vitíligo, es el trastorno despigmentante adquirido más frecuente, con una prevalencia mundial del 0.5-2%. Su mayor incidencia se produce entre los 10 y 30 años. Se asocia a problemas tiroideos autoinmunes con presencia de anticuerpos antitiroperoxidasa hasta en un 20%.
Se caracteriza por la aparición de manchas o lesiones acrómicas de diversos tamaños denominadas máculas, de color blanco nacarado y con una superficie lisa. Estas son ocasionadas por la destrucción de los melanocitos (células responsables de la pigmentación de la piel), que disminuyen la producción de melanina en varias partes del cuerpo, tales como contorno de los ojos, fosas nasales, cara, codos, tobillos, axilas, rodillas, manos y pies.
El tratamiento se realiza según la edad, localización, extensión y tiempo; existen diferentes tipos, no todos funcionan de la misma manera para todas las personas. Muchos pueden tener efectos secundarios no deseados, tardar demasiado tiempo en hacer efecto así como no dar los resultados esperados.
En Bolivia la frecuencia del vitiligo es elevada, aunque a la fecha no se cuenta con datos estadísticos precisos, ocupa un lugar importante dentro de la consulta dermatológica diaria.
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