La reconocida actriz, productora y activista cultural Carla Ortiz regresa al país con un nuevo proyecto cinematográfico: Un milagro de Navidad en La Paz.
La artista boliviana apuesta por una historia que mezcla comedia romántica, nostalgia y espiritualidad, con el objetivo de reconectar a las personas con sus emociones más profundas.
Rodada íntegramente en la ciudad de La Paz y con un elenco internacional de primer nivel, la película está pensada para estrenarse en noviembre, en plena temporada navideña.
- ¿Cómo nació la idea de este nuevo proyecto con temática navideña?
La idea nació del anhelo profundo de crear una historia que pudiera resonar con el alma colectiva boliviana. Sentí la necesidad de contar algo que sanara, que reconectara a las personas con su niñez, con sus emociones más puras. La Navidad es una excusa luminosa para hablar de segundas oportunidades, de vínculos rotos que aún pueden reconstruirse. La historia tomó forma tras la partida de mi madre. Su presencia se convirtió en una inspiración, casi como un ángel que me empujó a escribir, junto a Juan Pablo Piñeiro, una historia donde lo sagrado de lo humano, tuviera un lugar en el cine.
- ¿Qué te motivó a filmar en La Paz y qué aporta esta ciudad al filme?
La Paz tiene una energía única, una mezcla de cielo cercano, historia viva y una topografía que se siente como un personaje más. Rodamos aquí porque quería que esta historia tuviera raíces verdaderas, que respirara autenticidad. La ciudad, con su arquitectura, su altura, su intensidad emocional y drástica, aporta una atmósfera mágica y contrastante que encaja perfectamente con el corazón de la película.
- ¿Qué nos podés adelantar sobre la trama de la película?
Un milagro de Navidad en La Paz es una comedia romántica que gira en torno a Alma y Lucas, dos personas marcadas por la pérdida y por decisiones que los alejaron de sí mismos. El destino, y un ángel inesperado, los reúne para darles, tal vez, una nueva oportunidad, no solo en el amor, sino en su forma de mirar la vida. Es una historia que mezcla humor, nostalgia, ternura y esa chispa navideña que nos recuerda que, aun en los inviernos más fríos, puede nacer algo cálido y profundo.
-¿Cómo es trabajar con los actores reconocidos que forman parte del elenco? Es un regalo. Contar con actores como Jesús Castro, Nico Ponce y Daniela Ramírez, entre otros, eleva la película a otro nivel. Más allá de su talento y profesionalismo, han venido con humildad, con ganas de conectar con Bolivia, de entregarse a esta historia. Como actriz y productora, verlos vibrar con el proyecto y con el elenco de artistas bolivianos, ha sido profundamente gratificante. -¿Qué desafíos técnicos o logísticos enfrentan al grabar en altura? La altura de La Paz es desafiante para todos, desde el ritmo físico del equipo técnico hasta la adaptación de los actores internacionales. Necesitamos más pausas, más hidratación y un acompañamiento médico constante. Pero también es parte de la mística de esta ciudad. Ese aire denso, ese cielo abrumador, está en la fotografía, en el ritmo, en el alma de la película. - ¿Cuánto tiempo durará el rodaje y cuándo planean estrenar la película? El rodaje comenzó el 30 de junio y se extenderá hasta el 2 de agosto. La idea es estrenar en noviembre, justo para la temporada navideña. Es un reto ambicioso, pero estamos trabajando con un equipo técnico de altísimo nivel, tanto de Bolivia como de México, y todo fluye con amor y precisión. - ¿Qué buscás transmitir con este proyecto desde el rol de productora? Quiero demostrar que desde Bolivia también podemos contar historias universales con calidad internacional. Pero más allá de lo técnico, quiero que esta película abrace al espectador, que lo haga reír, llorar, sanar. Desde la producción, me importa crear un entorno donde el arte se exprese sin límites y donde las historias nazcan desde la verdad y la belleza. Donde las familias bolivianas y del mundo recuerden el cine clásico de los 90. - ¿Te sentís más cómoda delante o detrás de cámaras en este momento de tu carrera? Hoy me siento plena en ambas. Frente a cámaras, sigo amando el arte de encarnar emociones. Detrás, he descubierto el poder de crear espacios, de construir sueños para otros también. Producir me ha dado una visión más completa del cine como vehículo de transformación social y espiritual. - ¿Por qué decidiste contar una historia navideña? Porque la Navidad es más que una fecha. Es un estado del alma. Es una pausa sagrada donde se abren heridas y también puertas para sanar. Y creo que, como humanidad, necesitamos volver a sentir, a recordar que el amor, la familia y la esperanza no pasan de moda. - ¿Qué valores navideños están presentes en esta película? La fe, la reconciliación, el perdón, la generosidad y, sobre todo, la capacidad de volver a amar después del dolor. Es una película que nos recuerda que los milagros a veces no vienen del cielo, sino del simple acto de darnos una segunda oportunidad. - ¿Cómo ves el crecimiento del cine boliviano? Veo un despertar. Hay una nueva generación de cineastas, productores, actores y técnicos que está apostando fuerte, con propuestas valientes y estéticas propias. Falta apoyo estructural, sí, pero sobra talento, corazón y ganas de contar nuestras historias con autenticidad. - ¿Cómo ha sido volver a filmar en tu país, en tu tierra? Ha sido un abrazo al corazón. Bolivia tiene una fuerza que no se puede explicar con palabras. Volver a filmar aquí es un acto de amor, de pertenencia y también de valentía. Es saber que puedo sembrar belleza y sueños en la misma tierra que me vio crecer, a pesar de las grandes dificultades y pruebas en el camino. - ¿Qué es lo que más te emociona de este proyecto? La posibilidad de tocar el corazón de miles de personas. De que una historia hecha desde Bolivia pueda hablarle al mundo entero. Me emociona ver la magia tomando forma, el equipo unido, los actores vibrando comprometidos a pesar de todas las pruebas que te pone una de las ciudades más altas del mundo. - ¿Qué sigue para Carla Ortiz después de este filme? Seguir creando. Estoy en posproducción de Las vidas de Laura, un thriller psicológico que me tiene muy ilusionada, como lo será también el proceso de posproducción de Milagro de Navidad. Y seguiré produciendo historias que desafíen, que curen, que eleven, que cuestionen, que incomoden y reconcilien. La cochabambina tiene 44 años, ella es actriz, productora y activista cultural. Hoy graba su filme en La Paz
Para saber de Carla Ortiz