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Un barrio de 11 viviendas logra mejoras en medio de un encierro silencioso

Lunes, 15 de septiembre de 2025 a las 02:06

Una de sus preocupaciones es la regularización de su derecho propietario. El Carmen La Cueva tiene más de 50 años y está situado por la Bimodal. Cuenta con tres calles y una cancha que concentra campeonatos y atrae visitantes los fines de semana

Una puerta angosta sobre los muros que se levantan detrás de la Bimodal abre paso a un barrio de solo tres calles y 11 viviendas, donde la vida transcurre de forma tranquila. El Carmen La Cueva lleva más de medio siglo anclado en la parte trasera de la terminal de buses. 

Su nombre hace referencia a su ubicación, porque tienen un solo acceso peatonal y uno para vehículos. Desde fuera de los muros pareciera que no existe, pero al cruzar la entrada la vida fluye con la misma naturalidad que en cualquier otro barrio de la capital cruceña. Allí, los vecinos se han convertido en gestores de su progreso, aunque aún arrastran necesidades, como la falta de regularización del derecho propietario. 

“Yo nací aquí y mi abuela Sara Roca de Roca siempre vivió en este lugar. Ella me contaba que un alcalde les dio el espacio para que puedan habitar lo que entonces era monte, pero con el tiempo nos encerraron”, cuenta Carla Roca (32), presidenta del barrio. La mayoría son familiares, por lo que hasta ahora todos se conocen y se colaboran.

Cuando llegaron los primeros pobladores, todo era monte. No existía la terminal Bimodal y el mayor atractivo era salir a ver pasar el tren que llegaba a la Estación Argentina. Entre esos primeros vecinos estuvo la abuela de Carla Roca. Ella llegó desde la provincia Sara, mientras que su abuelo era de Cotoca. 

La recuerdan como una mujer activa, siempre preocupada por el bienestar de todos. Fue quien gestionó los primeros servicios básicos y las mejoras. Al inicio compartían una noria comunal, madrugaban a sacar agua limpia, porque los que se atrasaban debían conformarse con agua turbia. 

Más tarde consiguió un medidor comunitario, hasta que finalmente cada vivienda obtuvo su propia conexión. Hoy cuentan con alcantarillado y esperan la llegada del pavimento.

Recientemente lograron la instalación de internet y televisión por cable. Además, tienen un parque para los niños y una cancha, escenario de campeonatos que cada fin de semana convoca a visitantes de otros barrios. Ese lugar también fue defendido de intentos de avasallamiento por parte de comerciantes.

Actualmente, los vecinos persiguen sus títulos de propiedad, pues aseguran contar con los planos que avalan su derecho.

Son devotos de la Virgen del Carmen y en su honor construyeron una gruta en la calle principal. Cada 16 de julio celebran su aniversario con procesiones, novenas en las casas y juegos tradicionales. Pertenecen al Distrito Municipal 3, desde donde reciben atención para la limpieza de la cancha, el pintado del parque y cambio de luminarias.

Santa Cruz de la Sierra es uno de los municipios con mayor crecimiento y cobertura de servicios del país

Sin embargo, la vivienda es una de las necesidades más marcadas, porque el 70,9% de los que están en condición de pobreza tiene insuficiente espacio en la vivienda y un 5,2% inadecuados materiales en su casa.

Una vela alumbra la vida de Jenny

En el barrio El Carmen La Cueva es muy conocida. Con 70 años encima, la fuerza y la energía no abandonan a Jenny Jiménez que se cobija en un cuarto a medio construir. No conoce el calor de un hogar, por lo que cada día termina recostada en el colchón que tiene sobre el suelo, alumbrada por una vela. Lo único que susurra a sus oídos es el bullicio lejano del movimiento que se genera en los alrededores de la terminal Bimodal.

Toma su linterna para alumbrar más el ambiente y espantar a un gato que merodea su cuarto que no tiene puerta. 
“Me he criado en la calle”, recalca con voz fuerte, pero al preguntarle sobre sus padres su voz se quiebra y baja la mirada. “No los conozco”, responde. “Gracias a Dios estoy sanita, eso le pido todos los días”, comenta.

A su edad no está dispuesta a rendirse. Busca plásticos, latas y cartón, que vende para ganarse el pan del día. 
Ha extraviado su cédula de identidad, por lo que hace tres meses no puede cobrar la Renta Dignidad.


 

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