Muy a parte de los que celebran San Valentín (festejo de los enamorados adoptado del extranjero) o sus detractores, encontramos que esta fecha es propicia para tomarle el pulso al corazón de los cruceños, ¿nos estamos enamorando más o menos? ¿estamos rompiendo con mayor facilidad? ¿estamos interesados en tener una relación estable y formal? ¿queremos hijos? Durante el año 2024, Santa Cruz registró un total de 13.051 matrimonios y 4.258 divorcios, según datos del Servicio de Registro Cívico (Serecí) del departamento. Estas cifras reflejan una dinámica de parejas en la región, donde, si bien el número de matrimonios supera ampliamente a los divorcios, estos últimos han mostrado una tendencia creciente en ciertos meses del año.
El mes con mayor cantidad de matrimonios fue diciembre, con 1.943 uniones, mientras que el mes con menos registros fue febrero, con solo 835 enlaces. En cuanto a los divorcios, julio fue el mes con mayor número de disoluciones matrimoniales, alcanzando 452 casos. La mayoría de los divorcios se resolvieron por la vía judicial (4.114 casos), mientras que una menor proporción se llevó a cabo mediante trámites notariales (128 casos) o por nulidad del matrimonio (16 casos).
Si bien las cifras muestran que en Santa Cruz aún se celebran más matrimonios que divorcios, la diferencia entre ambos procesos es notablemente menor en algunos meses. Por ejemplo, en septiembre se registraron 1.332 matrimonios, pero también 386 divorcios, lo que representa un 29% de las uniones de ese mes. Este fenómeno podría estar relacionado con factores económicos, sociales y emocionales que afectan la estabilidad de las parejas en la región.
Reconfiguración del modelo familiar y de pareja
La terapeuta de parejas, Ingrid Saavedra, ve que hay un vínculo emocional más inestable, más superficial, ahora se piensa que no se tiene que tolerar a la otra persona y es más fácil cambiarla. En las relaciones ya no se comprometen y los pactos que se establecen inicialmente, son muy frágiles.
"Ahora hay poca capacidad de sostener un vínculo, trabajarlo y mejorarlo. Un divorcio se tiene que abordar cuando hay daño psicológico o físico, cuando hay alguien en peligro, mientras que todo lo demás, se puede trabajar", explica Saavedra.
Considera que actualmente las parejas se casan más por tradición. "Lo ven como la fiesta bonita, la foto, el traje de novia, pero no se preguntan si hay madurez, ¿qué busco?, ¿qué quiero? ¿hasta dónde quiero llegar en una relación? Hay muchas personas que se casan pensando que si no funciona, pues me separo y ya está".
La doctora Carolina Rivero, especialista en el manejo del estrés, afirma que es más fácil ahora tirar la toalla que antes. "Tomamos el recurso del divorcio como el mejor, en el caso de que no nos llevemos bien".
Sobre la baja en la tasa de fecundidad, Saavedra señala que antes se valoraba la maternidad y la fecundidad y eso era lo máximo dentro de una relación de pareja, pero que ha cambiado. Ahora los dos piensan en otros logros que son importantes también, como la profesionalización y especialización, alcanzar metas profesionales y personales. "No nos olvidemos que la mujer trabaja y tener hijos implica pagar una guardería y otros gastos, por eso es mucho más complejo tener tres o cuatro hijos como antes".
Para Saavedra estamos entrando en un modo de pensamiento un poco más frío, emocionalmente hablando, y "ya no se ansía ni se desea tener un hijo como antes".
Según datos preliminares del censo 2024, actualmente el promedio de hijos por pareja es de 2,1, una cifra que contrasta fuertemente con los 7,5 hijos por pareja registrados en los años sesenta. Este descenso sostenido en la natalidad puede estar relacionado con cambios en las dinámicas familiares, como la postergación del matrimonio, el acceso a métodos anticonceptivos y la mayor inserción de la mujer en el ámbito laboral y educativo.
El mayor acceso a los medios anticonceptivos es un factor importantísimo, pero también hay una cuestión económica básica, como explica Rivero. "Antes, con el sueldo del marido era suficiente, pero ahora no alcanza y la mujer tiene que salir a trabajar. Sale por una necesidad económica, pero también de desarrollo personal, y si la madre tiene que salir a trabajar, significa más gasto tener un bebé. Eso frena el tener más niños".
Sobre este fenómeno, el director del Instituto Nacional de Estadística (INE), Humberto Arandia, destacó el año pasado que Bolivia está experimentando una transición demográfica acelerada, lo que podría tener implicaciones económicas y sociales en las próximas décadas. "El país está entrando en una etapa donde el envejecimiento de la población será un desafío significativo, ya que la base de jóvenes que sostiene el sistema productivo se está reduciendo", señaló Arandia. En este sentido, la disminución de matrimonios y el aumento de divorcios en Santa Cruz, el departamento más poblado, podrían ser reflejo de esta transformación demográfica, sugiriendo una reconfiguración de los modelos familiares y de la estructura poblacional en Bolivia.