Entre lágrimas de dolor e impotencia, los hermanos tacana de la comunidad Buena Vista, en San Buenaventura, combatían las llamas que devoraban sus casas. Casi al mismo tiempo, los guardaparques del parque Noel Kempff Mercado debían retroceder hasta Piso Firme para resguardarse del voraz incendio que consume los bosques.
Los incendios forestales representan una parte de las agresiones que sufre la naturaleza en Bolivia. Desde la palestra que supone la homilía dominical, monseñor Sergio Gualberti , arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Santa Cruz, se mostró contundente con quienes dañan los bosques y campos, así como con quienes toleran esos ataques.
"Somos testigos de las heridas causadas a la Madre Tierra por el uso irracional de herbicidas en la agricultura, por la contaminación del agua en la minería y por las talas de bosques e incendios, denunció durante la celebración eucarística dominical.
La crítica del prelado se extiende también a los sectores prepotentes y violentos que avasallan tierra indígena, reservas y parques naturales provocando conflictos. Después de referirse a las lecturas correspondientes a la fecha, Gualberti enfocó su prédica para alertar sobre los peligros que se avecinan al atentar contra el medioambiente.
Y apuntó a la permisividad de autoridades interesadas más por afanes partidistas y electoralistas como responsables de permitir la deforestación y los incendios en vez de preocuparse por resguardar el valioso y frágil patrimonio común de todos los bolivianos.
Los efectos de estos incendios afectan a todos. La humareda, la contaminación atmosférica y la sequía son, de algún modo, nuestra responsabilidad, manifestaba.
Por ello, cerró su prédica con un llamado a ciudadanos y autoridades a quienes solicita emprender un nuevo rumbo que preserve la integridad de la Madre Tierra y promueva la convivencia en paz.